Nacer a final de año aleja de ingresar en la universidad

Entre más edad tenga, mayor madurez mental y emocional registran, sostiene investigador. Recomienda incremen-tar la equidad y eficiencia académica

Por Víctor Gómez

Estudiantes de menor edad dentro de su clase, de tercero de primaria a tercero de secundaria, registran un desempeño escolar bajo, obtienen resultados deficientes en pruebas estandarizadas e, incluso, 10% menos de probabilidad de ingresar a la educación superior, sostiene un investigador.

A través de la investigación Ganadores y perdedores: fecha de nacimiento, edad relativa en la escuela, y los resultados en la infancia y la edad adulta, el doctor Pablo Arturo Peña Muñoz sostiene que la fecha de nacimiento afecta la forma en que se desarrollan académicamente los estudiantes.

El análisis presentado en el Instituto de Investigaciones sobre Desarrollo Sustentable y Equidad Social (IIDSES), de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, detalla también que los resultados que obtienen en pruebas estandarizadas —como Enlace, ahora planea— se observan bajos y “envía señales sesgadas de sus habilidades académicas”.

Y es que argumenta que en las mediciones de desempeño académico no se considera la edad del alumno, “que entre mayor sea tendrá más madurez mental y emocional, lo cual le permite tomar mejores decisiones y obtener mejores resultados en cualquier ámbito”.

“Que los alumnos más jóvenes tengan calificaciones menores que sus compañeros de salón de mayor edad, e incluso algunos de los primeros sean diagnosticados a veces erróneamente con problemas de aprendizaje, es consecuencia de un sesgo sistemático que en México favorece a quienes nacen entre el 1 de enero y el 31 de agosto.

“Porque con base en la edad mínima requerida por ley para ingresar a primaria —seis años cumplidos el 31 de diciembre del año de inicio del ciclo escolar—, terminan por ser los más grandes en su curso”, sostiene el investigador.

 Aunque la diferencia de edad entre los alumnos menores y los mayores alcanza un máximo de 12 meses —en el supuesto de que ingresen a los seis años o en la fecha más próxima a cumplirlos, y no reprueben grados—, es suficiente para marcar grandes disparidades en su madurez, señala.

Lo anterior, refiere, se traduce en un entorno en el que los más grandes, por lo general, se identifican mejor en “qué es lo importante a la hora de aprender y estudiar, se concentran mejor y controlan más su nerviosismo a la hora de resolver un examen”; lo que se traduce en mejores calificaciones, asegura.

Peña Muñoz considera un error restar importancia a la diferencia de edad, debido a que los niños y adolescentes con calificaciones menores al promedio de su clase, por ser de los más jóvenes, pueden  hacer creer que son malos estudiantes, percepción que también comparten padres y profesores.

Es así que el propio sistema puede ocasionar sentimientos de frustración en los escolares más jóvenes, al grado de que tengan 10% menos de intención o probabilidad de ingresar a la universidad, porque durante parte de su vida académica recibieron calificaciones bajas que el promedio.

La investigación refiere que el desempeño escolar, entre el tercero y noveno grado, determina el futuro de una persona: el logro educativo del cónyuge, la probabilidad de estar ocupado, tener seguro médico provisto por su empleador, y hasta el número de hijos.

“En todos esos rubros se tendrá una relación negativa en los estudiantes menores de edad que obtuvieron calificaciones de bajo del promedio”, asegura Peña Muñoz.

Así lo dijo

“Si pudiéramos tomar en cuenta la edad de los niños en sus evaluaciones podríamos corregir la señal que envían esos resultados sesgados, y tratar de manera igual a los iguales”.
Pablo Arturo Peña, investigador mexicano.

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