Eliminar el Seguro Popular, un golpe a los más pobres

Por Mariana Gómez del Campo

Morena destruyó el Seguro Popular, un sistema de salud exitoso que permaneció en funciones durante tres sexenios, que contaba con la coordinación entre autoridades de salubridad y que daba servicio a 55 millones de mexicanos; la razón, el simple capricho de López Obrador.

Preocupa mucho que estas decisiones se tomen en el sector salud, uno de los más sensibles para cualquier sociedad y donde México tiene compromisos internacionales. Recordemos que el acceso al máximo grado de salud que se pueda lograr es un derecho humano de los ciudadanos y una obligación de todos los gobiernos, así lo indica la Constitución de la Organización Mundial de la Salud. Por si fuera poco, garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades, es el tercero de los objetivos de desarrollo sostenible trazado por las Naciones Unidas para el año 2030.

La desaparición del Seguro Popular la justifican por una supuesta “corrupción sistemática”, aunque para nadie es un secreto que fue una de las propuestas de campaña de López Obrador. Sin embargo, la afectación es gravísima para los mexicanos, particularmente los más pobres ya que cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) indican que la carencia por acceso a servicios de salud pasó de 42.8 millones de mexicanos en 2008 a 19.1 millones en 2016.

El éxito del Seguro Popular es irrefutable ya que el porcentaje de los hogares que caían en pobreza extrema por financiar una enfermedad crónica grave era del 5.2% en 2004, pero en 2018 llegó a 2%. Otro dato relevador es que, en los últimos seis años, el Seguro Popular atendió 308 mil enfermedades severas que pudieron arruinar el patrimonio de ese mismo número de familias.

Si bien el programa tenía mucho que mejorar, cancelarlo es un despropósito y sustituirlo por otro que no está bien planeado afectará la calidad de vida de los mexicanos. El pasado miércoles 23 de octubre, coincidentemente el Día del Médico, la mayoría parlamentaria de Morena en la Cámara de Diputados aprobó la creación del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (INSABI) que no parece tener un futuro promisorio.

El Seguro Popular se financiaba con una cantidad de recursos que el gobierno federal aportaba según el número de usuarios por entidad federativa, pero el INSABI deja a discreción del presidente la cantidad de dinero destinada a cada estado, lo que abre la puerta a que se premie a los gobiernos de Morena y se castigue a los opositores. Además, se eliminó el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos que funcionaba como una caja de ahorro para financiar las enfermedades de alto costo y más complejas como el cáncer, hepatitis y los cuidados intensivos neonatales, lo que permitía exentar del pago a los usuarios.

Además, despareció el Catálogo de Servicios Específicos del Seguro Popular con la premisa de que todo será gratuito para todos, ya que cualquier persona puede afiliarse cuando anteriormente se hacía un estudio socioeconómico para que el servicio fuera gratuito para los más pobres. Eso significa que los filtros que permitían balancear las finanzas del sistema desaparecieron.

El afán centralizador del gobierno de López Obrador y su insistencia en ideologizarlo todo, provoca que los mecanismos de financiación del INABI sean deficientes y quienes lo resentirán serán los mexicanos en situación vulnerable. Recordemos que Mariana, una niña de siete años, falleció porque no pudo acceder a los medicamentos contra el cáncer que padecía por la cancelación del Seguro Popular.
Planteo dos preguntas que considero importantes: ¿Hasta cuándo se va a tomar en serio el delicado tema de la salud y se hará a un lado la voluntad presidencial? ¿Qué necesita pasar en este país para regresar a la toma de decisiones fundamentadas en argumentos? Al tiempo…

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