El secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, encabezó la conmemoración de los 100 años de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, institución emblemática del país que destaca por la formación de miles de maestros rurales comprometidos con la justicia histórica y la transformación del México profundo. Señaló que educar a las hijas e hijos de los campesinos más pobres es el mayor acto de dignidad y vocación social.
Durante el acto, realizado en el Salón Iberoamericano de la SEP y en presencia de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, así como de la banda de guerra y la escolta de la Escuela Secundaria Técnica No. 21, subrayó que las normales rurales nacieron como un proyecto educativo comunitario inspirado en figuras como Rafael Ramírez Castañeda y José Santos Valdés, quienes concibieron la escuela como Casa del Pueblo y formaron maestras y maestros que, además de enseñar a leer y escribir, acompañan a las comunidades a comprender y transformar su realidad.
Mario Delgado Carrillo afirmó que esa tradición pedagógica es fundamento vivo de la Nueva Escuela Mexicana, la cual retoma el enfoque humanista, crítico y comunitario que las normales rurales han practicado durante un siglo. Sostuvo que la propuesta educativa que hoy se articula en campos formativos tiene su raíz en la escuela de la acción, en el aprender haciendo, abierta a la parcela, a la asamblea y a la vida de los pueblos.
El titular de la SEP recordó que el 2 de marzo de 1926, en Tixtla, 27 jóvenes campesinos iniciaron clases con el acompañamiento del maestro Rodolfo A. Bonilla, quien gestionó el terreno para levantar la escuela. Destacó que en 1930 el maestro Raúl Isidro Burgos solicitó un préstamo personal para donar los recursos e iniciar la construcción, esfuerzo colectivo al que se sumaron docentes, estudiantes y pobladores.
Aquellos jóvenes, puntualizó Delgado Carrillo, llegaron con incertidumbre, sin aulas ni mobiliario, con todo por hacerse, pero armados con la convicción de aprender a leer, escribir y pensar con rigor sobre su propia circunstancia. Afirmó que fue la revolución de los saberes después de la revolución de las armas, un momento fundacional en el que la educación se convirtió en herramienta de emancipación y esperanza para el campo mexicano.
Añadió que, tras el estruendo de las armas, México necesitaba otra transformación: la de las conciencias, la del pensamiento crítico y la de la organización comunitaria. Sostuvo que Ayotzinapa encarnó esa nueva etapa histórica, en la que el aula sustituyó al campo de batalla y el conocimiento se asumió como la fuerza capaz de cambiar destinos individuales y colectivos.
Asimismo, expresó su respeto y solidaridad con los 43 estudiantes desaparecidos en septiembre de 2014, reiteró el compromiso del Estado mexicano con la verdad y la justicia, y afirmó que ese hecho marcó un parteaguas en la vida pública del país y consolidó el llamado colectivo al “nunca más” desde la función pública.
Informó que, como parte del fortalecimiento institucional, se restableció, después de 62 años, la mesa de trabajo con la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, con la que se alcanzaron acuerdos para mejorar infraestructura, recursos y comedores, a fin de garantizar alimentación suficiente, sana y digna para las y los futuros docentes.
Finalmente, reconoció a las y los estudiantes y egresados de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, y sostuvo que este gobierno honra su legado y compromiso social. “Cien años de Ayotzinapa son cien años de pedagogía de la dignidad, de educación popular y de vanguardia educativa al servicio del pueblo de México”, concluyó.
Por su parte, Juan Carlos Salazar Domínguez, estudiante de cuarto grado de la institución, destacó que este aniversario no es sólo una cifra, sino el símbolo de 100 años de resistencia y vocación de servicio hacia las comunidades más marginadas de México. Enfatizó que la Normal continúa siendo un pilar fundamental para el desarrollo del país, al transformar la realidad de miles de jóvenes de contextos humildes mediante una formación académica con profunda conciencia social.
El estudiante subrayó que la labor del maestro rural trasciende las aulas y se convierte en una herramienta de transformación social y en un derecho irrenunciable del pueblo. Señaló que “mientras la pobreza exista, las normales tendrán razón de ser”, y reafirmó el compromiso ético de las nuevas generaciones de docentes de ejercer con excelencia en las regiones más apartadas, donde la escuela suele ser el único espacio de organización y esperanza para la niñez mexicana.
Finalmente, recordó la ausencia de los 43 estudiantes desaparecidos en 2014 e hizo un llamado a transformar el dolor en un compromiso renovado con la justicia y el respeto a los derechos humanos. Asimismo, exhortó al fortalecimiento y respaldo institucional de la educación pública y rural en este centenario.
Estuvieron presentes el director general de Operación de Servicios Educativos de la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México (AEFCM), Mario Chávez Campos; el director general de Educación Superior para el Magisterio, Julio César Leyva; el director de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, Tomás Vargas Colchero; y Juan Carlos Salazar Domínguez, estudiante de cuarto año de la misma institución.
