El programa Carbono Biodiverso, desarrollado en la Sierra Gorda de Querétaro, se posiciona como uno de los modelos más avanzados de acción climática en México, al combinar conservación ambiental, participación comunitaria y compensación de emisiones de carbono.
De acuerdo con datos del Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG), actualmente más de 40 mil hectáreas de bosques están bajo protección dentro de este esquema, con la participación de propietarios privados, ejidos y comunidades agrarias.
“Los certificados de reducción de huella de carbono no son créditos de carbono. Nuestros certificados son el resultado de una política pública y no se apegan a las reglas del mercado”, explicó “Pati” Ruiz Corzo, directora general de GESG.
Conservación con impacto climático y social
El modelo se basa en la regeneración de ecosistemas y la captura de carbono, al tiempo que impulsa el desarrollo económico de comunidades rurales mediante pagos por servicios ambientales.
Más de 161 propietarios particulares, 10 ejidos y tres comunidades participan en este programa, lo que ha permitido fortalecer la conservación de biodiversidad y reducir emisiones de gases de efecto invernadero.
Además, el esquema promueve actividades productivas sustentables y refuerza el tejido social en la región.

Empresas compensan emisiones con el Sello Querétaro
Uno de los elementos clave del programa es la vinculación con el sector privado. Durante 2025, al menos 47 empresas compensaron su huella de carbono a través del Sello Querétaro, un mecanismo que permite destinar recursos a la conservación forestal.
Este sistema se basa en un impuesto estatal a las emisiones de carbono, donde las empresas pueden reducir su carga fiscal al invertir en proyectos ambientales certificados.

Un modelo ambiental que busca replicarse en México
Tras casi cuatro décadas de trabajo, el Grupo Ecológico Sierra Gorda busca expandir este modelo a otras áreas naturales protegidas del país.
Especialistas coinciden en que la combinación de política pública, incentivos fiscales y participación comunitaria podría convertirse en una ruta viable para enfrentar el cambio climático y fortalecer la conservación ambiental en México.
