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Cambio climático también tensa las relaciones entre México y Estados Unidos

Ambos países se pelean por sus menguantes reservas compartidas de agua, tras años de calor sin precedentes y lluvias insuficientes.

Desde 1944, Estados Unidos y México firmaron el Tratado de Aguas entre ambos países, el cual regula la administración conjunta de los ríos internacionales Colorado, Bravo y Tijuana, que abastecen de agua a los estados de la frontera norte de nuestro país. En medio de la crisis climática que vive el planeta, este recurso resulta cada vez más escaso, lo que ha dificultado las relaciones entre ambos países.

En julio de 2020, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) -que tiene a su cargo la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) entre México y Estados Unidos- explicó que en el tratado se estableció que Estados Unidos aportaría a México mil 850 millones de metros cúbicos (Mm3) de agua anuales de la cuenca del río Colorado. Por su parte, México aportaría a Estados Unidos un promedio mínimo de 431 Mm3 anuales contabilizado en ciclos de cinco años, es decir, alrededor de 2 mil 158 Mm3 quinquenales.

Sin embargo, la sequía sostenida en la parte media-baja del Río Grande desde mediados de la década de 1990 significa que el agua mexicana fluye menos hacia los Estados Unidos. La cuenca del Río Colorado, que abastece a siete estados de Estados Unidos y dos estados mexicanos, también ha tenido récord en sus niveles más bajos.

Para Robert Gabriel Varady, profesor de Investigación de Política Medioambiental de la Universidad de Arizona, existen algunas tensiones subyacentes en la región, como el aumento de la población a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México, así como el cambio climático y el envejecimiento de las obras hidráulicas.

“La década de 1940 fue una época de inusual abundancia de agua en los ríos del tratado. Cuando los ingenieros estadounidenses y mexicanos redactaron el tratado de aguas de 1944, no previeron la prolongada mega sequía actual”, destaca Varady en un artículo publicado en el sitio especializado “The Conversation” (en el que fue coautor junto a Andrea K. Gerlak, profesora de Geografía, Desarrollo y Medio Ambiente en la Universidad de Arizona y Stephen Paul Mumme, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Colorado).

“Tampoco previeron el rápido crecimiento de la región. Desde 1940, la población de los 10 pares de ciudades más grandes que se extienden a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México se ha multiplicado casi por veinte, pasando de 560 mil personas a unos 10 millones en la actualidad”, añade Varady.

Parte de este crecimiento se debe al auge de la industria manufacturera dependiente del agua en México que exporta productos a los mercados estadounidenses. La agricultura de riego, la ganadería y la minería compiten con el crecimiento de las ciudades y la expansión de la industria por la escasez de agua.

“Hoy en día, simplemente no hay suficiente agua para satisfacer la demanda en las zonas fronterizas regidas por el tratado de 1944″, añade Varady.

Desde 1992, México ha incumplido en tres ocasiones su compromiso quinquenal de enviar agua a través de la frontera con EE.UU. En 2020 México accedió a transferir a Estados Unidos el agua que tenía almacenada en la presa de la Amistad, cumpliendo así con su obligación apenas tres días antes de la fecha límite del 25 de octubre de ese año. Aunque esa decisión satisfizo su deuda de agua con Estados Unidos, puso en peligro el suministro de más de un millón de mexicanos que viven aguas abajo de la presa de la Amistad en Coahuila y Tamaulipas.

Renegociación será indispensable

Por todo lo anterior, Estados Unidos y México se comprometieron a revisar las normas del tratado sobre el agua del Río Grande en 2023. Sin embargo, esto representa un dilema igual de grave. Por lo tanto, equipos conjuntos de expertos -recién creados- estudiarán el cumplimiento del tratado y recomendarán los cambios necesarios para gestionar de forma sostenible y cooperativa las aguas amenazadas por el clima a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos.

3 PREGUNTAS CON

Robert G. Varady, profesor de Investigación de Política Ambiental de la Universidad de Arizona y miembro de la Asociación Internacional de Recursos Hídricos.

¿Cómo se ha gestionado hasta ahora el tratado de aguas entre Estados Unidos y México?

El tratado en cuestión es el de 1944. Establece los términos para la asignación de las aguas compartidas por México y EE.UU. El tratado es administrado por la Comisión Internacional de Límites y Aguas (IBWC/CILA). De vez en cuando, según las necesidades, la Comisión modifica el tratado mediante “Actas”. Las asignaciones de aguas de los dos ríos principales -el Río Grande/Río Bravo y el Río Colorado- no han cambiado desde 1944.

¿Qué modificaciones pueden hacerse para obtener lo mejor para ambos países?

Todas y cada una de las modificaciones tendrían que ser acordadas por ambos países. Por supuesto, cada país tiene una visión diferente de lo que es “mejor” para él. Como se ha señalado, hasta ahora los únicos cambios que se han realizado han sido graduales, y suelen abordar cuestiones específicas (por ejemplo, el tratamiento de aguas residuales en las comunidades transfronterizas de Nogales, AZ, y Nogales, MX; y las modificaciones ecológicas relativas al caudal en el Delta del Río Colorado.

Los cambios importantes requerirían amplios esfuerzos diplomáticos y un acuerdo tácito sobre los cambios previstos. Hasta la fecha, el tratado se ocupa principalmente de las aguas superficiales. Las aguas subterráneas se tienen en cuenta gracias al Acta 242, pero no se mencionan en el propio tratado.

¿Qué acciones conjuntas planean los gobiernos de ambos países para enfrentar el cambio climático y cuáles han sido las principales deudas que tienen en esta materia?

Gran parte del debate internacional sobre la mitigación de los impactos del cambio climático se produce a niveles muy altos y se adquieren compromisos que luego no se cumplen. Las administraciones cambian y expresan distintos grados de voluntad para reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero. El caso de Estados Unidos y México tipifica este clima político cambiante, con administraciones que apoyan o se oponen a las medidas contra el cambio climático según sus inclinaciones ideológicas.

A corto plazo, las únicas medidas significativas serán probablemente en respuesta a las crisis relacionadas con el clima, por ejemplo, graves inundaciones, sequías extremas, aumento de la frecuencia y la fuerza de las tormentas tropicales.

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