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Ciencia.-Indicios de una segunda exoluna de gran tamaño a 5.500 años luz

Astrónomos han informado de la existencia de una segunda luna de gran tamaño que orbita alrededor de un planeta del tamaño de Júpiter más allá de nuestro sistema solar.

MADRID, 13 (EUROPA PRESS)

Astrónomos han informado de la existencia de una segunda luna de gran tamaño que orbita alrededor de un planeta del tamaño de Júpiter más allá de nuestro sistema solar.

Si se confirma, el avistamiento podría significar que las lunas extrasolares son tan comunes en el universo como los exoplanetas, y que, grandes o pequeñas, estas lunas son una característica de los sistemas planetarios.

Pero la espera podría ser larga ya que el primer avistamiento de una exoluna, hace cuatro años, aún está pendiente de confirmación, y la verificación de este nuevo candidato podría ser igual de larga y controvertida.

El descubrimiento, publicado en la revista ‘Nature Astronomy’, fue liderado por David Kipping y su Laboratorio de Mundos Fríos de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, que informó del primer candidato a exoluna en 2017.

«Los astrónomos han encontrado más de 10.000 candidatos a exoplanetas hasta ahora, pero las exolunas son mucho más desafiantes –explica Kipping, que ha pasado la última década cazando lunas extrasolares–. Son tierra incógnita».

El equipo descubrió el candidato a exlunagigante que orbita el planeta Kepler 1708b, un mundo situado a 5.500 años luz de la Tierra en dirección a las constelaciones de Cygna y Lyra. Esta nueva candidata es aproximadamente un tercio más pequeña que la luna del tamaño de Neptuno que Kipping y sus colegas encontraron anteriormente orbitando un planeta similar del tamaño de Júpiter, Kepler 1625b.

Ambas candidatas a superlunas están probablemente formadas por gas que se ha acumulado bajo la atracción gravitatoria causada por su enorme tamaño, dijo Kipping. Si la hipótesis de un astrónomo es correcta, las lunas podrían incluso haber comenzado su vida como planetas, sólo para ser arrastradas a la órbita de un planeta aún mayor como Kepler 1625b o 1708b.

Las dos lunas están situadas lejos de su estrella anfitriona, donde hay menos gravedad para tirar de los planetas y despojarlos de sus lunas. De hecho, los investigadores buscaron planetas gaseosos gigantes y fríos en órbitas amplias, precisamente porque los análogos de nuestro sistema solar, Júpiter y Saturno, tienen más de cien lunas entre ellos.

Si hay otras lunas, es probable que sean menos monstruosas, pero también más difíciles de detectar, apunta Kipping. «Las primeras detecciones en cualquier estudio serán generalmente las más extrañas–prosigue–. Los grandes que simplemente son más fáciles de detectar con nuestra limitada sensibilidad».

Las exolunas fascinan a los astrónomos por las mismas razones que los exoplanetas. Tienen el potencial de revelar cómo y dónde puede haber surgido la vida en el universo. También son curiosidades por derecho propio, y los astrónomos quieren saber cómo se forman estos exoplanetas, si pueden albergar vida y qué papel desempeñan, si es que desempeñan alguno, para que sus planetas anfitriones sean habitables.

En el estudio, los investigadores examinaron la muestra de los planetas gigantes gaseosos más fríos capturados por la nave espacial Kepler de la NASA para la búsqueda de planetas. Tras analizar en profundidad 70 planetas, sólo encontraron un candidato –Kepler 1708b– con una señal similar a la de una luna. «Es una señal obstinada –señala Kipping–. Hemos echado toda la pila de la cocina a esta cosa, pero no desaparece».

Se necesitarán observaciones de otros telescopios espaciales, como el Hubble, para verificar el descubrimiento, un proceso que podría llevar años. Cuatro años después, el primer descubrimiento de Kipping de una exoluna sigue siendo objeto de acalorados debates. En un artículo reciente, él y sus colegas mostraron cómo un grupo de escépticos puede haber pasado por alto la luna de Kepler 1625b en sus cálculos. Mientras tanto, Kipping y sus colegas siguen investigando otras líneas de evidencia.

Eric Agol, profesor de astronomía de la Universidad de Washington, reconoce que tiene dudas de que esta última señal resulte ser real. «Podría tratarse simplemente de una fluctuación en los datos, ya sea debido a la estrella o al ruido instrumental», admite.

Pero otros son más optimistas. «Esto es lo mejor de la ciencia –asegura Michael Hippke, astrónomo independiente de Alemania–. Encontramos un objeto intrigante, hacemos una predicción y confirmamos el candidato a exluna o lo descartamos con futuras observaciones».

«Estoy muy emocionado por ver un segundo candidato a exoluna, aunque es una pena que sólo se hayan observado dos tránsitos –añadie–. Más datos serían muy interesantes».

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