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Juegos de Beijing ponen a prueba ideal olímpico

Las banderas de China y olímpica ondean durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olimicos de invierno de Beijing el 4 de febrero del 2020. (AP Foto/Natacha Pisarenko) Las banderas de China y olímpica ondean durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olimicos de invierno de Beijing el 4 de febrero del 2020. (AP Foto/Natacha Pisarenko) (Natacha Pisarenko/AP)

Con el cuello de la chaqueta alzado para protegerse del frío, el presidente del Comité Olímpico Internacional contempló el estadio y habló de los ideales olímpicos que habían reunido a deportistas de todo el mundo.

“En nuestro frágil mundo, donde las divisiones, la confrontación y la desconfianza están en ascenso, nosotros mostramos que es posible ser fieros rivales al tiempo que vivimos juntos pacífica y respetuosamente”, dijo Thomas Bach, medallista de oro en esgrima hace 40 años, el viernes en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno en Beijing. La misión olímpica es clara, dijo: “Siempre construir puentes, no muros”.

Los detractores de Bach y del COI dicen que esos ideales son absurdos, y que el respeto y la construcción de puentes son eclipsados por funcionarios olímpicos que buscan congraciarse con algunos de los gobernantes autoritarios más poderosos en el mundo. Ejemplo de ello es la realización de los juegos de este año en China, un país acusado de grandes violaciones de los derechos humanos.

El COI sabe que Beijing ha detenido a centenares de miles de musulmanes uigures, dicen esos críticos, y arrestado a innumerables personas que se atrevieron a criticar al gobierno.

La incapacidad del COI de “confrontar públicamente las graves violaciones de derechos humanos por Beijing es una burla de sus propios compromisos y afirmaciones de que los juegos olímpicos son una ‘fuerza por el bien’”, dijo Sophie Richardson, directora de Human Rights Watch para China, poco antes de la inauguración del certamen.

Algunos activistas los llaman los “Juegos del Genocidio”, y gobernantes de varias naciones democráticas como Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y Canadá se abstuvieron de ir a los juegos, mencionando las violaciones de derechos humanos en China o sus restricciones por la pandemia.

Mientras tanto, el presidente chino Xi Jinping está recibiendo a una serie de lideres autoritarios, incluyendo el mandatario ruso Vladimir Putin, que se reunió el viernes con Xi antes de asistir a la ceremonia inaugural, además de los gobernantes de Egipto y Serbia, con quienes se reunía el sábado.

Los juegos se realizan en un momento en que la democracia parece estar en retroceso.

En el último año hubo un golpe de estado en Myanmar, Beijing ha apretado su control sobre Hong Kong y el gobierno de Nicaragua ha lanzado una represión brutal. Hay gobernantes autoritarios desde Turquía hasta Filipinas.

El COI raramente lo menciona.

Bach, por su parte, ha evitado cuidadosamente hablar de derechos humanos en China. Dijo que se iba a reunir con Peng Shuai, la tenista china que prácticamente desapareció de la vista pública tras acusar a un ex alto dirigente del Partido Comunista de violación y entonces insistir en que había sido malinterpretada. Bach dijo que ella les dijo a funcionarios olímpicos “que se puede mover libremente y esta pasando tiempo con familiares y amigos”.

Añadió que respalda a Peng si ella quiere una investigación. “Pero es su vida, son sus acusaciones”, añadió.

Evitar controversia ha sido la regla para Bach.

“El deporte debe ser políticamente neutral, pero no puede ser apolítico”, escribió una vez, en una frase tan cautelosa que su significado no está claro.

Pero él sabe que es riesgoso adoptar una posición sobre asuntos como los derechos humanos.

“Si nos ponemos en medio de tensiones, disputas y confrontaciones de los poderes políticos, entonces estamos poniendo en riesgo los Juegos Olímpicos”, dijo en una conferencia de prensa en Beijing.

Los organizadores olímpicos tienen un largo historial con dictadores como Adolfo Hitler en los Juegos de Verano de 1936 en Berlín y gobernantes autoritarios como Vladimir Putin en los Juegos de Invierno de 2014 en Sochi, Rusia.

“No hay una historia gloriosa a la que mirar”, dijo Andrew Zimbalist, profesor de economía en el Smith College que ha estudiado extensamente los juegos olímpicos. Por ejemplo, los juegos de Berlín. Para 1936, el antisemitismo nazi era abundantemente claro, con leyes que excluían a los judíos alemanes de la ciudadanía y prohibían el matrimonio y las relaciones sexuales entre judíos y “ciudadanos de sangre alemana o similar”.

Pero los juegos se realizaron. Y dos atletas judíos en el equipo estadounidense, Marty Glickman y Sam Stoller, fueron sacados del equipo de relevo 4 x 10 metros un día antes de la carrera. Funcionarios estadounidenses insistieron en que se hizo para traer a corredores más veloces. Pero Glickman dijo que no fue así.

“Ahí estaban dos atletas judíos obscuros que podían ser bloqueados del podio para no avergonzar a Adolfo Hitler”, dijo años más tarde en una entrevista. Zimbalist dice que el Comité Olímpico evade tanto el riesgo que eso mancha su reputación.

“Pretenden que son apolíticos aunque toman decisiones que son inherentemente políticas”, dijo en una entrevista. Les están “dando un nivel de aprobación a los chinos al realizar los juegos allí. Esa es una declaración”.

Dijo que el COI puede buscar maneras de hablar de asuntos como los derechos humanos al tiempo que se cuida de no desatar una tormenta política.

“Ellos han estado trabajando con el Comité Olímpico Chino. Conocen los límites (de expresarse) mejor que tú o que yo”, dijo. “Me gustaría ver al COI poner a prueba algunos de esos límites”.

En lugar de ello, el COI guarda silencio, y no solamente sobre China.

Putin, por ejemplo, asistió a la ceremonia inaugural, aunque debido a sanciones deportivas el país debe participar en el certamen como el “Comité Olímpico Ruso”, debido a un sofisticado esquema de dopaje.

Putin y Xi usaron su reunión para proyectarse como contrapeso a Estados Unidos y sus aliados. China ha estado mostrando además un apoyo creciente a Moscú en su disputa con Ucrania, que tiene unos 100.000 soldados rusos junto a su frontera, una situación que Washington teme podría llevar a una guerra.

Con miles de millones de dólares en juego para el país sede, aparte de los derechos televisivos y de patrocinio comercial, los juegos olímpicos son tanto sobre dinero como sobre deporte. El COI está desesperado porque la imagen de los juegos siga inocua para que los patrocinadores, algunos de los cuales pagaron centenares de millones de dólares, no vean esas inversiones salirles por la culata. Entre ellos están algunas de las marcas más conocidas en el mundo, desde Coca-Cola hasta Toyota. Lo último que ellas quisieran es ser asociadas con los abusos de derechos humanos en China.

Pero Christopher Magee, profesor de la Universidad de Bucknell, apuntó que el COI es apenas uno de muchos elementos en la inmensa economía de China. ”Es justo criticarlos por priorizar el dinero sobre las preocupaciones humanitarias”, dijo. “Pero numerosas firmas y países hacen lo mismo. Es difícil no hacerlo”.

Las economías de casi todas las naciones del mundo — incluyendo aquellas cuyos líderes están boicoteando los juegos — están profundamente enlazadas con la de Beijing.

Y de vez en cuando, el COI habla.

Quizás.

Algunos observadores dicen que Bach pareció hacer una referencia indirecta a Ucrania en su discurso de apertura, al llamar a los líderes políticos a “respetar sus compromisos con esta verdad olímpica: Dar una oportunidad a la paz”.

Pero si fue una alusión a Ucrania, fue tan indirecta que muchos analistas políticos y olímpicos ni siquiera la notaron.

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