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Retiran bandera de Rusia del consulado ruso en Acapulco

Vecinos de uno de los fraccionamientos más exclusivos del puerto de Acapulco, retiraron la bandera de Rusia que siempre ondeaba en puerto Marqués hasta que inició el conflicto en Ucrania.

Las banderas de distintos países siempre han caracterizado varios enclaves de Acapulco, especialmente en Las Brisas, Escénica y el Boulevard de las Naciones. Pero no sólo en lugares públicos, también diversos condominios muestran enseñas de países a los que se sienten más cercanos o afines. Éste era el caso de Da Vinci Residencial, uno de los fraccionamientos más exclusivos del puerto guerrerense con vistas a Puerto Marqués.

En esta zona, siempre ondeaba una bandera de Rusia, sin embargo a días de cumplirse el primer mes de la invasión de Moscú en Ucrania, la enseña rusa fue arriada del asta.

La decisión de quitar la bandera se produce luego de las constantes críticas que han recibido los gobernantes y oligarcas de ese país tras la invasión de Putin a Ucrania, así como luego de que se reportaran casos de rusofobia en diferentes partes del mundo, algo que no se ha señalado de forma oficial en nuestro país.

Justamente en esta dirección se ubica el Consulado de Rusia en Acapulco, cuya titularidad ostenta honoríficamente Antonio Rullan Dichter.

El consulado de Rusia en Acapulco es una de las 413 representaciónes extranjeras en México, y una de las 11 representaciónes extranjeras en Acapulco. Lea más en las EmbassyPages de México. El consulado en Acapulco es una de las 347 representaciónes diplomáticas y consulares de Rusia en el exterior.

La bandera rusa es un panel rectangular de tres franjas horizontales iguales: blanca, azul y roja y se popularizó a partir del reinado del zar Pedro el Grande.

—  El aspecto de la bandera rusa está definido en una ley constitucional.

Y ahora… surge la rusofobia

Es inmoral e injustificable porque no hay ninguna prueba de que la totalidad de los rusos esté respaldando las acciones militares del gobierno de Putin, considera especialista de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

En días recientes, a consecuencia de la operación militar de Rusia en Ucrania, se desató –especialmente en Estados Unidos, Canadá y los países de la Unión Europea– un rechazo de todo aquello que sea ruso o tenga raíces rusas.

La situación ha llegado a extremos tan absurdos y ridículos que las autoridades de la Universidad Bicocca, en Milán, Italia, prohibieron a un profesor dar un curso sobre Fiódor Dostoyevski, uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, fallecido hace más de 140 años… Al final, ante el escándalo que se ha suscitado, la universidad tuvo que dar marcha atrás.

Otro ejemplo de este sentimiento antirruso es el del famoso director de orquesta Valery Gergiev, quien primero debió renunciar por presiones a su puesto de director musical del Festival de Verbier, en Suiza, y al cabo de unos días fue cesado como director titular de la Orquesta Filarmónica de Múnich.

“Esta rusofobia, surgida después de que varios países occidentales impusieron a Rusia las primeras sanciones económicas, es inmoral e injustificable, porque no hay ninguna prueba de que la totalidad de los rusos esté respaldando las acciones militares del gobierno de Putin en contra de Ucrania… Resulta irracional que el pueblo ruso sea víctima de esta discriminación que se está dando en todos los ámbitos: académico, artístico, científico, deportivo…”, señala Talya Iscan, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, y experta en seguridad internacional.

Peligrosa rusofobia

Para Iscan, el surgimiento de este sentimiento antirruso representa también un fenómeno arcaico y, sobre todo, peligroso para los mismos países occidentales, ya que puede propiciar un nacionalismo más exacerbado en Rusia y un apoyo más resuelto de la población de este país a la operación militar que el gobierno de Putin está realizando en Ucrania.

“Hasta cierto punto se entiende que, para presionar al gobierno de Putin, Estados Unidos, Canadá y los países de la Unión Europea hayan desencadenado una guerra comercial en contra de Rusia. Sin embargo, no hay ninguna razón para presionar al pueblo ruso. Se puede generar un desbalance en los asuntos domésticos de un país, pero no discriminar a sus ciudadanos y quitarles la oportunidad de trabajar, de desarrollarse en un mundo globalizado como el nuestro. En cuanto a los académicos, artistas, científicos y atletas rusos que durante años han hecho valiosas aportaciones en sus respectivos campos de acción, es inaceptable desacreditarlos y quitarles sus derechos. Esta rusofobia, que está afectando a personas inocentes que no tienen nada que ver con las decisiones tomadas por los políticos, implica un acto de agresión muy fuerte que no se olvidará con facilidad”, añade.

La rusofobia puede ser contagiosa

En opinión de Iscan, independientemente de que se tome partido por uno de los dos bandos en conflicto, no se puede satanizar a los integrantes de una población por su nacionalidad, su idioma o su apariencia física.

“Esto está en desacuerdo con los principios humanistas… Todos aquellos que afirman estar conmovidos con la tragedia de la población ucraniana, y se asumen como rusofóbicos, ya perdieron su credibilidad porque adoptaron un discurso de discriminación injustificable. Y lo peor de todo es que, como cualquier otro discurso de discriminación (racial, sexual, etcétera…), la rusofobia puede ser muy contagiosa. Debe quedar claro que condenar una guerra y apoyar a quienes la sufren no es lo mismo que desacreditar y quitarle sus derechos al pueblo que pertenece al país agresor.”

En Latinoamérica también hay rusofobia

La rusofobia ya ha cobrado fuerza en una porción importante del llamado “mundo civilizado”. Con todo, la académica universitaria confía en que no se expandirá mucho en Latinoamérica.

“Es una región muy vulnerable donde ha habido, no pocas veces de manera violenta, innumerables cambios políticos, económicos y sociales; pero también es una región donde comenzó la tradición de dar asilo a los perseguidos políticos. Espero que la visión crítica y constructivista que ha imperado aquí en los ámbitos político, académico y profesional limite la expansión de este sentimiento antirruso, el cual, por cierto, es otra prueba de que las masas pueden ser manipuladas por campañas propagandísticas. En todo caso, ahora hay dos prioridades: que se suspendan los enfrentamientos armados y que Ucrania y Rusia se sienten en la mesa de negociaciones.”

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