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NY, Washington ayudan a migrantes enviados por Texas

NUEVA YORK (AP) — Cuando funcionarios en Texas ofrecieron a Alexander Barrios un autobús para ir desde Texas a la ciudad de Washington el mes pasado, el inmigrante venezolano no lo dudó y se subió en uno.

Justo acababa de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, tras un duro viaje a pie por la peligrosa selva del Tapón del Darién, en Panamá, y tras atravesar Centroamérica en autobús, donde le robaron y tuvo que pedir dinero por las calles.

El autobús gratuito a Washington era conveniente, dijo Barrios, de 30 años.

“Ellos me dijeron ‘los que no tengan dinero, hay un bus gratuito, que lo presta el gobierno, que va a destino Washington DC. Los que no tienen dinero pueden abordar el bus. Se les dará comida, se les dará agua’”, dijo Barrios. “Me pareció factible”.

Barrios y otros miles de inmigrantes provenientes de Latinoamérica y el Caribe se han convertido así en el centro de una disputa política iniciada por dos gobernadores republicanos que envían inmigrantes a Nueva York y Washington en autobús. La llegada de tantos extranjeros pilló desprevenidas a estas dos ciudades, que vieron cómo sus refugios para indigentes se llenaban rápidamente y grupos de ayuda trabajaban sin descanso para asistir a los recién llegados.

El gobernador Greg Abbott de Texas — que favorece leyes que limiten la llegada de inmigrantes — empezó a enviar los autobuses a Washington en abril, alegando que los estados demócratas del norte podían cuidar de los recién llegados. El gobernador Doug Ducey de Arizona hizo lo mismo en mayo. Abbott empezó recientemente a enviar autobuses directamente a Nueva York.

Los viajes son ahora un punto de contención entre gobernadores republicanos y los alcaldes demócratas Eric Adams de Nueva York y Muriel Bowser de Washington, dos ciudades que usan un lenguaje más favorable a los inmigrantes.

Casi 8.000 migrantes han llegado en los viajes en autobús patrocinados por los estados del sur — además de los migrantes que llegan por sus propios medios — agotando así los recursos y los servicios humanitarios de ambas ciudades del norte, que han pedido ayuda al gobierno federal.

“Esto puede ser caótico", dijo el comisionado de inmigración de la ciudad de Nueva York, Manuel Castro. "Pero queremos enviar un mensaje: estamos aquí para ayudar y queremos dejar la política de lado”.

Para Barrios, sin embargo, la disputa política es un tema secundario. Tiene otras cosas de qué preocuparse.

Se fue de Cali, Colombia — donde vivió los últimos 12 años — a mediados de junio, porque su trabajo etiquetando botellas de agua no le alcanzaba para sobrevivir y enviar dinero a familiares, dijo. Su abuela, que está en Venezuela, y su madre en Ecuador, necesitan ayuda, explicó.

Tras atravesar la selva del Tapón del Darién, en la frontera colombo-panameña, y ser asaltado por un contrabandista en Nicaragua, llegó a la frontera México-Estados Unidos y estuvo detenido durante dos días en Texas.

Esperaba llegar a Los Ángeles, donde un conocido había accedido a ayudarlo, pero decidió ir a Nueva York porque los documentos que le entregaron los funcionarios fronterizos estadounidenses mostraban una cita en un tribunal de inmigración en Nueva York. Un autobús a Washington era conveniente porque Washington está cerca de Nueva York.

El venezolano dijo que no se sintió presionado para tomar el autobús, pero le dijeron que corría el riesgo de ser deportado si se quedaba en Texas.

“Ahí mismo nos dijeron 'aquí no se puede quedar nadie porque aquí, el que se quede, llamamos a la patrulla para que la patrulla lo recoja'”, explicó.

El viaje en autobús duró tres días, en los que les dieron agua y comida como pan y lentejas. En Washington, se sentó en el suelo de una estación de tren, apenas durmiendo, todavía temeroso de ser detenido por agentes de inmigración, dijo.

Llegó a Nueva York cargado únicamente con una bolsa con dos camisetas y un celular que compró en México. Le mostró a una periodista cómo la suela de una de sus zapatillas se despagaba entera del zapato, mientras que la otra zapatilla no tenía suela.

Un formulario de consentimiento voluntario para el transporte gratuito desde Texas les dice a los migrantes que Washington es donde están el presidente y los miembros del Congreso y que éstos “pueden ayudar de manera más inmediata a abordar las necesidades de los migrantes que han ingresado al país”.

A los migrantes que firman un formulario de consentimiento para un viaje gratuito a Nueva York se les dice que la ciudad se ha designado a sí misma como un “santuario” para los migrantes, a quienes se les proporciona comida y refugio.

En los últimos dos meses, la procesión de venezolanos que buscan refugio en Estados Unidos ha crecido dramáticamente. En julio, los agentes de la Patrulla Fronteriza detuvieron a los venezolanos 17.603 veces, un 34% más que en junio y casi el triple que en julio de 2021.

Estados Unidos no reconoce al gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro debido a una controvertida elección en 2018. La falta de reconocimiento oficial complica la capacidad del país para aceptar de vuelta a los inmigrantes. El gobierno mexicano también se niega a aceptar a los migrantes, lo que le da a Estados Unidos pocas opciones para manejar a los venezolanos.

En Nueva York, muchos de los migrantes se dirigen a las oficinas del grupo de ayuda Caridades Católicas. Los funcionarios en Texas — no está claro quién — anotan la oficina como la dirección de los inmigrantes, lo que dejó perplejos a los funcionarios de la Diócesis de Nueva York, que ahora ha recibido más de 1.300 notificaciones judiciales en nombre de los inmigrantes.

Caridades Católicas ayudó a Barrios, dándole ropa, algo de dinero y pagándole un billete de autobús a Los Angeles, donde se encuentra ahora haciendo trabajo de jardinería.

“Estamos decepcionados con los gobiernos de Texas y Arizona, que simplemente pusieron a las personas en autobuses a DC sin ningún plan sobre lo que se iba a hacer cuando llegaran allí”, dijo monseñor Kevin Sullivan, director ejecutivo de Caridades Católicas a la AP.

Las autoridades estadounidenses detuvieron a migrantes 1,43 millones de veces en la frontera mexicana entre enero y julio, un 28% más que en el mismo período del año pasado. Muchos son liberados en los Estados Unidos con libertad condicional humanitaria o con avisos para comparecer ante un tribunal de inmigración.

Cuando se le pregunta a Barrios, qué opina de la disputa política, el migrante responde que le parece “injusta”.

“Prácticamente es como un racismo, no? Somos seres humanos. Así como nosotros necesitamos de una ayuda, podría ser él también (quien la necesitará),” dijo el migrante en referencia a Abbott.

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El periodista de Associated Press, Bobby Caina Calvan, contribuyó a este reporte desde Nueva York.

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