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EEUU: Ecologistas demandan a agencias por peces en río Bravo

ALBUQUERQUE, Nuevo México, EE.UU. (AP) — Ambientalistas acusaron el miércoles al gobierno de Estados Unidos de no hacer lo suficiente para garantizar la supervivencia de los pececillos plateados del Río Bravo (o Grande) en momentos en que la sequía afecta a uno de los ríos más largos del oeste del país.

En una demanda presentada ante una corte federal, el grupo WildEarth Guardians solicitó a un juez que obligue a la Oficina de Recuperación y al Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre (FWS por sus siglas en inglés) a reconsiderar las repercusiones de la gestión de aguas en los peces de la especie Hybognathus amarus, la cual está catalogada como en peligro de extinción.

También quieren que las autoridades federales desarrollen medidas que impidan que las represas y los desvíos de agua en el tramo del río que cruza la región más poblada de Nuevo México pongan en peligro a los pececillos.

Los pececillos fueron declarados especie en peligro hace casi 30 años y han estado en el centro de diversas acciones judiciales durante décadas. Los desafíos no han hecho más que aumentar en los últimos años debido a las mayores presiones sobre el Río Bravo debido al cambio climático, ya que el manto de nieve se derrite más rápido y los fuertes vientos aumentan la sequedad del suelo, limitando la cantidad de escorrentía de primavera que alcanza el río.

Al igual que el río Colorado y otras vías fluviales del oeste de Estados Unidos, el bajo nivel de las aguas del Río Bravo se está convirtiendo en la normalidad.

Partes del Río Bravo en el extremo sur de Albuquerque se secaron por completo este año, algo que no había pasado en más de 30 años. Equipos de biólogos acudieron a toda prisa a rescatar a los pececillos plateados de los charcos que se formaron en el lecho del río antes de que se secaran.

“No es de extrañar que las poblaciones de pececillos plateados sigan en crisis”, dijo Daniel Timmons, de WildEarth Guardians. “Es hora de ir más allá de aplicar soluciones menores en la parte central del Río Grande y pensar de manera global en cómo salvar a un río vivo y a todas las especies nativas que habitan en él”.

Timmons dijo que el statu quo es una receta para la extinción de los peces.

El Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre y la Oficina de Recuperación declinaron el miércoles hacer declaraciones sobre la demanda.

La gestión del Río Bravo se basa en acuerdos de reparto de aguas en los que también participan Colorado, Texas y México. Los distritos de riego que proveen el vital líquido a miles de agricultores en las partes altas y bajas del valle que recorre el río también son parte de una ecuación que incluye amplios derechos de comunidades indígenas estadounidenses situadas a lo largo del río y enclaves hispanos que utilizan acequias para regar cultivos.

En algunos casos, se necesitaría una acción legislativa para cambiar la dinámica de la gestión del Río Bravo.

Durante años, la Oficina de Recuperación ha trabajado estrechamente con los distritos de riego, tribus, la ciudad de Albuquerque y otros poseedores de derechos hídricos a fin de liberar agua para los peces cuando el río ha estado en peligro de secarse o para estimular la reproducción de la especie.

Este año no hubo agua suplementaria.

Un estudio financiado por la oficina y publicado en octubre indica que la situación del pececillo parece depender en gran medida de que se garanticen caudales estacionales suficientes y condiciones de hábitat que favorezcan el desove.

En su demanda, WildEarth Guardians responsabiliza a “un siglo de uso insostenible del agua y a una mala gestión del Río Grande” por las condiciones que apenas permiten sobrevivir a los pececillos plateados y a otras especies protegidas. El grupo afirma que el río está convertido en un canal y no en un “río vivo” que tenga un caudal variable pero constante.

Los ambientalistas objetan las conclusiones de una opinión biológica de 2016 adoptada por las agencias, según la cual las operaciones hidráulicas en la parte media del Río Grande posiblemente no supondrían una amenaza para las especies en peligro ni afectarían negativamente su hábitat.

Los pececillos plateados, de unos 7,5 centímetros (tres pulgadas) de largo, habían sido históricamente una de las especies acuáticas más abundantes y extendidas en el Río Bravo, desde la localidad de Española, en el norte de Nuevo México, hasta unos 1.600 kilómetros (1.000 millas) río abajo hasta el Golfo de México. Los biólogos afirman que la especie ha desaparecido en más de 95% de su hábitat histórico.

Únicamente en tres ocasiones en los últimos 26 años —en 1995, 2005 y 2017— las densidades de las poblaciones de los pececillos plateados en la parte central del Río Bravo han rebasado la densidad que tenían cuando fueron incluidos en la lista de especies en peligro en 1994.

El Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre se fijó el objetivo de tener al menos 5 ejemplares por cada 100 metros cuadrados. La meta se alcanzó sólo un par de ocasiones durante dos años consecutivos. En octubre de 2022, la densidad era de 0,17 peces por cada 100 metros cuadrados.

En la demanda se afirma que los científicos pronostican que el caudal del Río Bravo disminuirá al menos en una tercera parte y posiblemente en la mitad para finales de siglo debido al aumento de las temperaturas por el cambio climático, lo que tendrá secuelas importantes en los peces y su hábitat.

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