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AP Fotos: Los buscadores de almejas o, como ellos mismos se llaman, los campesinos del mar de España

Buscadores de almejas trabajan en un estuario de Lourizán, Galicia, en el norte de España, el jueves 20 de abril de 2020. (AP Foto/Alvaro Barrientos) AP (Alvaro Barrientos/AP)

LOURIZÁN, España (AP) — Equipados con botas para lluvia, se despliegan en grupos, la mayoría mujeres, para avanzar por la arena húmeda y empapada de la caleta, aprovechando la marea baja.

Apresurándose con rastrillos y cubos, charlan y ríen alegremente. Son los buscadores de almejas o, como ellos mismos se llaman, los campesinos del mar.

Con el rostro rojo por los vientos costeros y el duro trabajo, llevan pañuelos de colores en la cabeza y ropa de casa corriente, recortando un perfecto paisaje al óleo contra el llamativo cielo azul y las tenues nubes blancas en las frías horas del amanecer.

La recolección de almejas en las extensas ensenadas de la región noroccidental española de Galicia es una tradición muy arraigada, transmitida de generación en generación.

Anteriormente, las mujeres del pueblo de Lourizán se dedicaban a la pesca de arrastre en las arenas húmedas mientras sus maridos se hacían a la mar, a menudo durante varios meses seguidos.

En estos días utilizan dos técnicas muy básicas: Una es con un rastrillo para raspar la arena blanda y recoger con un cubo el mayor número posible de almejas. Otros recolectores se ponen impermeables de neopreno o ropa de pesca fluvial y se meten con el agua hasta la cintura en las frías aguas de la ensenada. Utilizan un rastrillo unido a una jaula metálica para raspar y tamizar la arena del fondo marino antes de recoger la captura.

Cada día pueden pescar unos 10 kilogramos (22 libras) en total de dos tipos diferentes de almejas. Las mareas y el tiempo dictan cuándo pueden trabajar, pero también hay periodos en los que la contaminación del agua obliga a prohibir la pesca de conchas. Hoy en día, admiten, las almejas de todo tipo son mucho más escasas, posiblemente a causa del cambio climático.

Hoy en día, su trabajo está regulado y se les garantiza una especie de salario, lo que les da cierta independencia económica, hasta el punto de que hay listas de espera para obtener permisos que pueden tardar años en conseguirse.

Los recolectores de almejas trabajan unas tres horas al día durante 15 o 16 días al mes. Ganan un sueldo promedio de 100 euros (107 dólares) por turno, dependiendo de los precios del mercado.

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