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Atajar el cambio climático y el hambre: Estados reciclan y donan alimentos antes de tirarlos

El conductor Carlos Quezada carga sacos de arroz para distribuirlos en Feeding Westchester, en Elmsford, Nueva York, el 15 de noviembre de 2023. Cada vez más estados trabajan para evitar la llegada de alimentos a los vertederos ante el temor a que ocupen AP (Seth Wenig/AP)

ELMSFORD, Nueva York, EE.UU. (AP) — Cuando Sean Rafferty empezó en el negocio de la alimentación, todo lo que no se vendía se tiraba.

Pero hace poco, Rafferty, director de la tienda ShopRite en Elmsford-Greenburgh, Nueva York, estaba preparando cajas de pan, rosquillas, productos frescos y lácteos para un banco de alimentos. Forma parte de un programa estatal que exige a las grandes empresas que donen alimentos comestibles y, si pueden, reciclen los restos de comida.

“Hace años, todo iba a la basura (...) a los vertederos, las compactadoras o donde fuera", apuntó Rafferty, quien lleva 40 años en el sector. “Ahora, con el paso de los años, se han desarrollado muchos programas a los que podemos donar toda esta comida (...) y ayudar a gente con inseguridad alimentaria".

Nueva York es uno de los cada vez más estados que tratan de combatir el despilfarro de comida ante la preocupación de que ocupe espacio en los vertederos y contribuya al calentamiento global, ya que la carne, las verduras y los lácteos emiten gas metano, un gas de efecto invernadero, tras ser arrojados allí. Rescatar frutas, verduras, huevos, cereales y otros productos no deseados también ayuda a alimentar a familias que pasan hambre.

En todo el mundo se desperdicia alrededor de un tercio de los alimentos. En Estados Unidos se llega al 40%, de acuerdo con Harvard Food Law and Policy Clinic. El país gasta alrededor de 218.000 millones de dólares anuales en cultivar y producir comida que luego se tira. Unas 63 toneladas (57 toneladas métricas) van a parar a la basura, incluyendo 52,4 toneladas (47,5 toneladas métricas) que terminan en vertederos y otras 10 toneladas (9 toneladas métricas) que nunca llegan a cosecharse.

“Lo que suele sorprender a la gente no es solo cuánto desperdiciamos (...) sino también su impacto”, dijo Emily Broad Leib, profesora de derecho en la Universidad de Harvard y directora de la Food Law and Policy Clinic. “El desperdicio de alimentos causa entre el 8 y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero”.

Según Broad Leib, en Estados Undos se utiliza un 20% del agua para cultivar alimentos “que luego simplemente tiramos, así que básicamente estamos tomando agua y echándola directamente en un vertedero”.

Pero tanto ella como otros destacan que cada vez hay más concienciación acerca de la necesidad de hacer algo para atajar el desperdicio de alimentos en el país.

En 2015, el Departamento de Agricultura y la Agencia de Protección Ambiental anunciaron su objetivo de reducir el desperdicio de comida en un 50% para 2030.

Esto ha impulsado una serie de iniciativas estatales, además de esfuerzos más pequeños de organizaciones sin ánimo de lucro.

Diez estados y el distrito de Columbia han aprobado leyes o aplicado políticas para reducir, compostar o donar los residuos. Los 50 estados dieron luz verde a legislaciones que protegen a los donantes y a las organizaciones que recuperan la comida de responsabilidades penales y civiles relacionadas con los alimentos donados.

California y Vermont han puesto en marcha programas para convertir estos restos en compost o energía, mientras que Connecticut exige a las empresas, incluyendo mayoristas o supermercados, que reciclen los residuos. Los agricultores de Maryland pueden recibir exenciones fiscales de hasta 5.000 dólares anuales por granja en base a los alimentos que donen.

Varios estados se han unido a Nueva York en el establecimiento de sistemas que permitan donar comida. Rhode Island exige a quienes prestan servicios en instituciones educativas que donen la comida no utilizada a bancos de alimentos, mientras que Massachusetts limita la cantidad de alimentos que las empresas pueden enviar a los vertederos, lo que según Broad Leib ha incrementado las donaciones en el estado un 22% en dos años.

El programa neoyorquino está en su segundo año y los funcionarios estatales creen que está teniendo un impacto significativo.

Hasta finales de octubre había redistribuido cinco millones de libras (2,3 millones de kilos) de alimentos — el equivalente a cuatro millones de comidas — a través de Feeding New York State, que respalda a los 10 bancos de alimentos regionales y espera duplicar esa cifra el próximo año. Entre los que están obligados a donar comida se incluyen universidades, prisiones, parques de diversión y recintos deportivos.

“Para empezar, deberíamos reducir la cantidad de comida que tiramos, pero también deberíamos alimentar a la gente antes de tirarla, si se trata de alimentos buenos y sanos", afirmó Sally Rowland, supervisora de la sección de Productos Orgánicos, Reducción y Reciclaje del Departamento de Conservación Medioambiental estatal. “Para mi, es una cuestión de sentido común y creo que ha servido para que la gente entienda cuánta comida estamos desperdiciando".

El condado neoyorquino de Westchester tiene ocho camiones frigoríficos que recogen todo tipo de alimentos perecederos, explicó Danielle Vasquez, coordinadora de donaciones de alimentos de Feeding Westchester, uno de los bancos de alimentos estatales.

El grupo empezó a trabajar con empresas en 2014 pero ha visto cómo las aportaciones aumentaron desde la entrada en vigor de la ley de donaciones el año pasado. Gran parte de los alimentos recolectados van a los cerca de 300 programas y socios en todo el condado, incluyendo una despensa móvil y el Centro Carver, una ONG que atiende a familias y menores de Port Chester.

“Esta época del año es muy importante para nosotros y para muchas familias de Westchester”, dijo Vasquez. “Está el alto costo de la comida. El costo de la vida es muy alto. Westchester es un condado muy caro para vivir (...) Estamos aquí para abastecer a nuestras familias tanto como podamos para que puedan dedicar ese dinero a pagar sus facturas".

Entre quienes visitaron el Centro Carver a principios de mes estaba Betsy Quiroa, que lamentó el encarecimiento generalizado desde la pandemia del coronavirus. Contaba con conseguir leche, huevos, fruta y verdura y señaló que no le importaba si los productos estaban mellados o ligeramente dañados.

“Venir aquí es bueno", dijo Quiroa, una madre de cuatro hijos que recibe ayuda de la Seguridad Social. “Si no trabajas, no compras. Ese es el problema".

A pesar del éxito en Nueva York, a los activistas contra el desperdicio alimentario les preocupa que no se esté haciendo suficiente para alcanzar el objetivo en 2030. Broad Leib y otros han pedido un esfuerzo nacional para coordinar las diversas políticas estatales y locales.

Hay un objetivo, “pero en realidad no tenemos una gran hoja de ruta (...) y cómo vamos a lograrlo para 2030, lo cual es una locura", añadió Broad Leib, que apuntó que una oficina de enlace del Departamento de Agricultura con apenas un trabajador no es suficiente para abordar el problema.

Kathryn Bender, profesora adjunta de economía en la Universidad de Delaware, dijo que los programas de donación son útiles pero teme que puedan trasladar la responsabilidad de las empresas a las ONG, que podrían tener dificultades para distribuir todos los alimentos.

“La mejor solución contra el desperdicio es no tenerlo en primer lugar", indicó Bender. “Si no necesitamos producir toda esa comida, no destinemos los recursos a producirla".

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Casey informó desde Boston.

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