Gerardo Fernández Noroña, actual senador de la República por Morena, ha convertido su canal de YouTube en una fuente de ingresos adicional nada despreciable. Durante su transmisión del 28 de agosto, el legislador reveló que recibió más de 17 mil pesos en un solo “Super Chat”, la función de la plataforma que permite a los usuarios enviar aportaciones económicas para destacar sus mensajes durante un en vivo.
El propio Noroña, que ha hecho pública la cifra de cada live, suma ya más de 87 mil pesos en “propinas digitales” en agosto, sin contar los ingresos por visualizaciones regulares de su canal, su presencia en otras redes sociales o medios de comunicación ni la dieta que percibe como senador, que ascendería a cerca de medio millón de pesos mensuales.
Estos datos surgen mientras el legislador se mantiene bajo el escrutinio público tras confirmarse la compra de una casa valuada en 12 millones de pesos en Tepoztlán, Morelos, y el uso de vehículos Volvo, adquisiciones que han alimentado críticas sobre su discurso de austeridad y transparencia.
Esto a raíz de las investigaciones realizadas por el periodista Jorge García Orozco y que posteriormente fueron publicadas en el portal de Emeequis.

Los ingresos y las críticas por los “Super Chats”
Los “Super Chats” son pagos voluntarios que los seguidores realizan durante las transmisiones en vivo, con montos que pueden ir desde unos pocos pesos hasta el límite de 2 mil dólares por semana por usuario. En el caso de Noroña, sus transmisiones diarias sobre política nacional, coyuntura legislativa y temas sociales han generado una comunidad activa que contribuye de forma constante.
Sin embargo, estas aportaciones también han levantado cuestionamientos. Especialistas en ética pública han señalado que, al ser una dádiva económica recibida por un servidor público, este tipo de ingresos podrían considerarse ilegales de acuerdo con el Artículo 7, fracción II, de la Ley General de Responsabilidades Administrativas, que prohíbe a funcionarios aceptar compensaciones, regalos u obsequios de terceros que puedan implicar un beneficio personal derivado del cargo.
El debate ha escalado en redes sociales y en foros de análisis, donde se discute si el legislador está monetizando su investidura pública o si, por el contrario, actúa como un creador de contenido independiente que recibe aportaciones legítimas.
Super Chat y el riesgo de lavado de dinero
Más allá de los cuestionamientos legales y éticos, los Super Chats de YouTube han sido señalados internacionalmente como una posible herramienta para el lavado de dinero. Erik Kemme, director de Asesoría de Riesgos de una firma especializada en consultoría tecnológica, explicó a Excélsior que la plataforma ofrece anonimato y legitimidad aparente a los depósitos realizados, con la ventaja de que el creador de contenido recibe el 70 % del dinero mientras que YouTube retiene el 30 %.
Kemme advierte que esta opacidad permite que fondos ilícitos sean “limpiados” a través de transmisiones en vivo, e incluso que el crimen organizado pueda contratar a creadores legítimos como “canales testaferros” para mover grandes sumas sin levantar sospechas. Este escenario, aunque no implica automáticamente que el legislador esté involucrado en una operación ilícita, sí abre un área de vulnerabilidad que carece de regulación específica en México.
Por ahora, Noroña no ha informado si estos ingresos están siendo reportados ante el SAT, ni ha emitido declaraciones sobre los riesgos de esta herramienta. Tampoco existe un pronunciamiento de la Cámara de Senadores ni de la Secretaría de la Función Pública sobre si estos depósitos voluntarios entran en conflicto con las leyes de responsabilidades administrativas o con normas antilavado.

Cómo funciona el “Super Chat” en YouTube
La herramienta es sencilla: durante un live, los usuarios hacen clic en el ícono de dólar ($) dentro del chat en vivo, eligen el monto que desean aportar y escriben un mensaje. Dependiendo de la cantidad, el mensaje se resalta con colores y puede permanecer fijo en el chat durante segundos, minutos o incluso horas.
Aunque es utilizada principalmente para interactuar con la audiencia, esta función ha transformado a los canales en auténticas plataformas de monetización. Creadores populares en México y el mundo han encontrado en este modelo una vía para sostener económicamente sus proyectos digitales. Sin embargo, cuando se trata de servidores públicos, la línea entre el ingreso legítimo y la dádiva cuestionable se vuelve mucho más difusa.