México arrancó el día con una intensa actividad sísmica. Durante las primeras horas de hoy se registró un sismo de magnitud 6.5 localizado en San Marcos, Guerrero, que se sintió en distintos estados del país e hizo que se activara la alerta sísmica en la Ciudad de México. De acuerdo con un corte reciente del Servicio Sismológico Nacional (SSN), el evento principal ha sido seguido por varias réplicas, incluida una de magnitud 4.2, la más intensa hasta ahora.
El sismo principal, registrado durante la madrugada, tuvo su epicentro en las cercanías de San Marcos, Guerrero, una zona sísmicamente activa debido a la interacción de las placas de Cocos y Norteamérica. El movimiento tomó por sorpresa a habitantes de la región y encendió las alertas en entidades del centro del país.
Con el paso de las horas, el SSN informó que el fenómeno dio inicio a una cadena de réplicas que, hasta las 09:00 horas, sumaban 151 eventos de menor magnitud. Aunque la mayoría de estos movimientos no han sido percibidos por la población, forman parte del proceso de ajuste natural de la corteza terrestre después de un sismo de esta intensidad.
Entre todas estas réplicas, destaca la registrada a las 08:17 horas, con magnitud 4.2, que hasta el momento se ha catalogado como la más fuerte posterior al evento principal. Autoridades federales y estatales continúan con el monitoreo permanente de la zona epicentral para detectar posibles nuevos reacomodos de las placas y descartar riesgos adicionales para la población.
Cabe destacar, que después de las 9:00 horas se han registrado más réplicas, sin embargo hasta el momento no se ha contabilizado el total de estas.
¿Qué es una réplica y por qué ocurre después de un sismo fuerte?
Las réplicas son movimientos telúricos que se originan en la misma región donde ocurrió un sismo principal de gran magnitud. Se producen porque las rocas y las placas tectónicas necesitan tiempo para acomodarse después de la liberación brusca de energía que provoca el temblor más intenso.
Estas réplicas pueden presentarse minutos, horas o incluso días después del evento inicial. Su magnitud suele ser menor que la del sismo principal, pero su frecuencia y duración dependen de las características específicas de la falla geológica y de la zona donde se originó el movimiento.
