Donald Trump dejó por un momento la política dura y reveló un detalle poco común de su vida personal: a su esposa, Melania Trump, no le gusta verlo bailar en público. La razón, según contó el propio mandatario, tiene que ver con la imagen presidencial y con una idea muy clara de cómo debe comportarse un jefe de Estado.
La confesión surgió durante un discurso reciente, cuando Trump explicó que, aunque a él le gusta mostrarse efusivo frente a sus seguidores, en casa recibe constantes críticas por hacerlo.
“Esto no lo hace un presidente”, le advierte Melania
Trump relató que Melania es “una persona muy clásica” y que, cada vez que lo ve bailar, le recuerda que ese tipo de gestos no encajan con la investidura presidencial.
“Mi esposa odia cuando hago esto. Ella dice: ‘Esto no lo hace un presidente’”, narró.
Incluso, según Trump, la primera dama suele recurrir a comparaciones históricas para reforzar su argumento. En una de esas conversaciones, le preguntó si podía imaginar a Franklin Delano Roosevelt bailando en público, como ejemplo de la sobriedad que, desde su punto de vista, debía caracterizar a un mandatario.
Trump insiste: “A la gente sí le gusta cuando bailo”
Pese a las objeciones de Melania, Trump aseguró que su experiencia frente al público es completamente distinta.
“Cuando bailo, a todo el mundo le gusta”, afirmó, señalando que en sus eventos la gente le pide que lo haga y le grita que baile.
Sin embargo, contó que su esposa no comparte esa percepción y le dice que el público solo es amable. Para Melania, insistió Trump, esos gestos no son presidenciales y prefiere que evite comportamientos que puedan romper con la solemnidad del cargo.
El presidente reconoció que le gustaría mostrarse más espontáneo y efusivo, pero admitió que la opinión de Melania pesa. “Quiero ser más efusivo… pero tengo a alguien que lo ve”, dijo, antes de cerrar la anécdota con una frase contundente: “Mi esposa odia cuando hago esto; no le gusta nada cuando bailo”.
