La puesta en marcha del nuevo padrón de telefonía móvil en México no sólo reordenará el registro de líneas en el país: también podría cambiar por completo la forma en que niños y adolescentes usan su celular. Si no se aclara cómo deberán registrarse las líneas que ellos utilizan, millones de menores corren el riesgo de quedarse sin número propio o depender del teléfono de sus padres.
De acuerdo con estimaciones del sector, hacia 2025 habría alrededor de 22 millones de menores de edad con un celular en México. Ese universo de usuarios infantiles es el que quedará en la zona gris del nuevo padrón.
La iniciativa establece que todas las líneas activas deberán asociarse a la identidad de una persona, mediante un proceso oficial de verificación, entre el 9 de enero y el 30 de junio. Las líneas que no se registren serán desactivadas a partir del 9 de julio y sólo podrán realizar llamadas de emergencia, como al 911.
El problema es que los lineamientos del padrón exigen identificación oficial con fotografía y CURP, documentos que en la práctica no tienen la mayoría de los menores de edad. La validación de identidad en México descansa principalmente en la credencial para votar del INE, exclusiva para mayores de edad, o en el pasaporte, que apenas tiene una fracción de la población.

¿Teléfonos sin línea o números a nombre de los padres?
Sin una identificación nacional con foto para menores ni una base oficial que permita a las telefónicas confirmar su identidad a distancia, los sistemas de verificación podrían rechazar automáticamente los registros realizados por niños y adolescentes.
Esto abre dos escenarios principales:
- Desconexión parcial: las líneas a nombre de menores que no logren completar el trámite serían desactivadas, lo que dejaría a niños y adolescentes sin acceso a llamadas, mensajería y aplicaciones de uso cotidiano para tareas escolares, coordinación con cuidadores o traslado seguro.
- Celular “prestado” de por vida: para evitar la cancelación, los padres o tutores podrían registrar a su nombre las líneas que usan sus hijos. En los hechos, los menores seguirían usando el mismo número, pero sin existir en el padrón como titulares, lo que los mantendría invisibles para el sistema y trasladaría toda la responsabilidad legal al adulto.
En ambos casos, se modifica la realidad actual en la que muchos menores tienen un número personal, usado para comunicarse con su familia, con la escuela, con servicios de transporte y con sus redes de apoyo.

Una zona gris legal y de derechos para la niñez
La falta de reglas claras sobre quién debe aparecer como titular de la línea, si el menor que la usa o su tutor legal, coloca a la niñez en una posición vulnerable. Sin una definición específica, el padrón podría:
- Desconectar a millones de menores, afectando su comunicación diaria con familiares y cuidadores.
- Ampliar la brecha digital infantil, pues las familias con menos recursos o menor acceso a trámites serían las más expuestas a perder sus líneas.
- Generar dudas sobre la protección de datos personales de niños y adolescentes, especialmente si toda su comunicación queda formalmente ligada a la identidad de un adulto.
Organizaciones especializadas en derechos de la niñez han advertido que las políticas de seguridad y registro de comunicaciones deben considerar el interés superior del menor, lo que implica garantizar su derecho a la comunicación y al acceso a herramientas digitales, sin exponerlos a riesgos adicionales.

El celular infantil, entre la seguridad y la brecha digital
Si las autoridades no definen un mecanismo específico para registrar las líneas usadas por menores —por ejemplo, un esquema de líneas asociadas a tutores con protocolos diferenciados— el nuevo padrón puede tener un efecto colateral no previsto: transformar el “primer celular” de los niños mexicanos en un teléfono compartido o prestado, o incluso dejar a muchos sin conexión estable.
Mientras el padrón avanza, padres, escuelas y especialistas en derechos digitales coinciden en la misma pregunta de fondo: ¿qué va a pasar con los celulares que utilizan los niños en México? La respuesta dependerá de si el diseño final del registro logra equilibrar sus objetivos de seguridad con la protección efectiva de los derechos de la niñez en el entorno digital.
