En medio de un inicio de año marcado por la inseguridad y la búsqueda de mayor protección, el Consejo Nacional de la Industria de la Balística (CNB) advirtió sobre el crecimiento del mercado negro de blindaje en México, especialmente en la venta clandestina de chalecos balísticos y vehículos “blindados” que no han sido sometidos a pruebas ni cuentan con certificación, pero se ofrecen como si realmente protegieran.
De acuerdo con el organismo, enero se ha convertido en el mes en el que empresas, hogares e industrias definen sus planes de seguridad para el resto del año. Sin embargo, ese mismo momento está siendo aprovechado por intermediarios y talleres informales que comercializan equipo “balístico” sin controles técnicos, ni trazabilidad, ni garantías.

Chalecos balísticos sin prueba ni certificación
El CNB identificó como uno de los focos más preocupantes la venta clandestina de chalecos balísticos que se ofrecen a policías, escoltas, guardias privados y hasta civiles, sin pasar por pruebas de laboratorio ni certificaciones bajo normas internacionales.
En muchos casos, estos productos utilizan materiales que no tienen propiedades balísticas reales, pero se promocionan como capaces de detener armas cortas o largas, generando una falsa sensación de seguridad en los usuarios, quienes confían su vida a equipo que no ha sido validado.
Autos “blindados” que nunca han sido sometidos a pruebas
El otro frente crítico señalado por el Consejo es la comercialización de vehículos “blindados” sin factura, sin garantía y sin certificación, que circulan en el mercado paralelo.
Estos autos, advirtió el CNB, no han sido sometidos a pruebas balísticas formales, no se ajustan a normas reconocidas y, en ocasiones, utilizan materiales o procesos de instalación que comprometen la estructura del vehículo y no garantizan el nivel de resistencia que se ofrece al comprador.
Pese a ello, se venden como si cumplieran estándares de blindaje, lo que implica que sus usuarios —en muchos casos empresarios, personas en situación de riesgo o familias— toman decisiones de movilidad y seguridad confiando en un blindaje que podría no funcionar en un ataque real.

Blindaje sin norma, seguridad sin garantía
El CNB detalló que, además de chalecos y vehículos, el mercado negro abarca:
- Supuesto blindaje arquitectónico en puertas, muros y ventanales, instalado con materiales que no alcanzan niveles de resistencia balística
- Películas de seguridad y vidrios reforzados que se promocionan como “balísticos” sin cumplir normas ni estándares técnicos
- En todos estos casos, el riesgo es el mismo: las personas creen estar protegidas cuando en realidad están expuestas
- Llamado a planear desde enero y elegir blindaje certificado
Para el Consejo Nacional de la Industria de la Balística, planear la seguridad desde enero es clave para:
- Detectar vulnerabilidades reales
- Definir protocolos y niveles de protección necesarios
- Asignar presupuestos adecuado
- Elegir proveedores que cumplan estándares técnicos y éticos
“El blindaje certificado desde el inicio del año no es un gasto, es una decisión estratégica para proteger vidas y patrimonio”, subrayó Gadi Mokotov, presidente del CNB, al insistir en que el crecimiento del mercado negro “engaña a los usuarios con soluciones que no protegen”.

Industria pide cerrar el paso al blindaje pirata
Finalmente, las empresas asociadas al CNB reiteraron su compromiso con la profesionalización de la industria del blindaje en México y con la construcción de una cultura de seguridad basada en la prevención, la información y la certificación.
El organismo llamó a consumidores, empresas y autoridades a no normalizar el blindaje pirata y a verificar siempre que chalecos, vehículos y soluciones arquitectónicas cuenten con:
- Certificación bajo normas reconocidas
- Pruebas documentadas de resistencia balística
- Facturación, garantía y trazabilidad del proveedor
En un país donde la demanda de protección va al alza, el CNB advirtió que la diferencia entre blindaje certificado y blindaje clandestino puede ser, literalmente, la diferencia entre vivir o morir en una situación de riesgo.
