El drama por la ofensiva del gobierno del presidente Donald Trump contra los migrantes sobrepasa lo imaginable, a las violentas redadas que realizan agentes federales del ICE sin orden de detención se suma un instrumento de terror moderno: el uso de grilletes electrónicos para controlar a migrantes mientras realizan algún proceso, pero sin haber cometido ningún delito.
“No quiero fallarle al sistema, no quiero fallarle a mis padres, no quiero fallarle a mi comunidad”, esa frase no la pronuncia una criminal ni una prófuga, sino que la dice Tatiana Arévalo, empresaria colombiana, residente en California, con visa vigente, impuestos al día y un proceso de asilo activo a quien las autoridades le colocaron un grillete.
Como ella, decenas de miles de migrantes en Estados Unidos viven hoy bajo una forma de encierro invisible: no están en una celda, pero tampoco son libres; no están acusados de delitos penales, pero portan un dispositivo diseñado originalmente para criminales de alto riesgo.
En medio del aumento de redadas migratorias, operativos cada vez más agresivos y centros de detención saturados, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) intensifica el uso de grilletes o dispositivos electrónicos como una estrategia de control masivo.
Se trata de una política silenciosa que impacta de lleno a la comunidad migrante, especialmente a los hispanos.
Estrategia de control
Por medio de su cuenta de redes sociales, Tatiana comparte su día a día con el grillete electrónico, en su desgarrador testimonio expresa que por momentos el miedo empezó a apoderarse de todo.
Como millones de hispanos migrantes que viven en Estados Unidos, ella se presenta como una mujer entusiasta, solidaria, luchadora, emprendedora, trabajadora y con muchas ganas de salir adelante, pero un error administrativo la confinó a un limitado espacio en donde duda de cada acción que realiza por el riesgo de que se agrave su situación.
“No sabes si lo estás usando bien, si se apaga, si haces algo mal sin saberlo. Nadie te explica claramente las reglas. Te dan un manual que no dice ni cuántas horas hay que cargarlo”, relata en un video que se volvió viral.
Pero más que el uso del aparato electrónico como tal, la realidad es que a partir de ese momento en que le colocaron el grillete, su mundo se encogió, ICE le limitó la zona donde puede desplazarse, incluso dentro de California.
No puede cruzar el icónico puente Golden Gate, no puede moverse libremente por el estado donde vive y trabaja de manera legal.
“El miedo es constante. Miedo de equivocarte sin querer. Miedo de que se derrumbe todo lo bonito que has construido en este país”, comparte.
“No soy delincuente”
— Tatiana Arévalo
La carga no es solo física, es emocional, social, psicológica; por ejemplo, Tatiana dejó de usar faldas, evita piscinas, ascensores y espacios públicos, y no por el grillete en sí, sino por la mirada ajena, “lo más pesado no es el grillete, es el juicio de la gente”, confiesa.
Actor vive su propio drama
Ese mismo sentimiento lo comparte Hassen Dahhan, actor, fotógrafo y empresario radicado en Phoenix, Arizona, quien también decidió romper el silencio.
“Después de siete años en este país hoy tengo un grillete en el pie. No porque sea un delincuente, sino porque forma parte de mi proceso migratorio”, explica.
Hassen explica que llegó a Estados Unidos huyendo del régimen de Nicolás Maduro, y tras su arribo construyó una empresa, compró propiedades, creó empleo, formó una familia y colabora con fundaciones que apoyan a migrantes y personas sin hogar.
“Aunque esto (de usar el grillete) se vea vergonzoso y humillante, no tengo por qué agachar la cabeza. No hice nada malo. He aportado de manera positiva a este país”
— Hassen Dahhan
¿Cuántos migrantes llevan grillete en EE.UU.?
Según los datos más recientes del propio ICE, al menos 29 mil 089 inmigrantes portan actualmente un grillete electrónico en el tobillo en Estados Unidos.
La cifra forma parte del programa federal Alternativas a la Detención (ATD), que monitorea a 181 mil 401 inmigrantes activos:
- 148 mil 717 personas bajo vigilancia mediante la app SmartLINK
- 2 mil 547 con pulseras electrónicas y reconocimiento facial
- El resto, con grilletes GPS en el tobillo
ICE reconoce que el número se elevó desde el regreso de Donald Trump a la presidencia, como parte de una política de mayor vigilancia migratoria, mientras crecen las detenciones y continúan saturados los centros de detención.
¿A quién le ponen el grillete?
Uno de los puntos más alarmantes es que no se necesita un delito penal para que ICE imponga un grillete, basta con:
- Perder una cita o reportarse fuera de horario
- Errores administrativos
- Procesos de asilo, TPS o visas aún en revisión
- Casos humanitarios o de violencia doméstica pendientes
- Ser considerado de “riesgo moderado” de incomparecencia
Eso según algunos de los testimonios reportados en redes sociales, como es el caso de Tatiana: olvidó enviar una foto semanal tras cambiar de celular y no recibir la notificación, el sistema no le permitió corregir el error y, en su siguiente cita, recibió el grillete.
“Fue por una foto… una foto que me dejé de tomar”, explica.
“Jaula digital”
Aunque ICE insiste en que el objetivo no es castigar sino asegurar comparecencias, diversas organizaciones defensoras de inmigrantes califican estos dispositivos como una “jaula digital”.
La razón es simple, el monitoreo cuesta mucho menos que la detención.
- $ 4.20 dólares diarios por persona con grillete
- $ 152 dólares diarios por persona detenida en un centro migratorio
Mientras tanto, las redadas se intensifican y ya se han reportado muertes durante operativos migratorios, pero ahora se sabe que no es la única ofensiva, sino que el grillete se convierte en una herramienta de control silenciosa, constante y profundamente invasiva.
“No somos criminales”
Tatiana ya solicitó formalmente el retiro del grillete con apoyo legal y cartas de organizaciones donde colabora como voluntaria, sabe que cualquier nuevo error puede derivar en controles más agresivos o incluso detención.
Mientras tanto, usa sus redes para alertar a otros migrantes que “no se confíen, no cometan errores”, porque la consecuencia puede ser ese confinamiento que los pone en alto riesgo de ser expulsados sin posibilidad de defenderse.



