El Departamento de Defensa de Estados Unidos dio un paso inédito en su estrategia nuclear, al transportar por aire un reactor nuclear experimental como parte de un ambicioso plan para modernizar su infraestructura atómica, reforzar la seguridad nacional y asegurar el dominio tecnológico en plena competencia global.
Previo al Día de los presidentes, el gobierno notificó el traslado del microreactor desde California hasta Utah —en un avión militar C-17— como parte de un proyecto conjunto entre el Departamento de Defensa y el de Energía.
La operación se enmarca en una orden ejecutiva del presidente Donald Trump orientada a acelerar el desarrollo de reactores avanzados con fines estratégicos.

Pero este movimiento no ocurre en el vacío, sino que coincide con el vencimiento del tratado New START —el último gran acuerdo de control de armas nucleares entre Washington y Moscú—, lo que encendió las alertas sobre una posible nueva carrera armamentista global.
Según lo que se sabe hasta ahora, el reactor será sometido a pruebas en el laboratorio energético de San Rafael, en Utah.
Sin embargo, no se trata de un arma ni de un sistema operativo, sino de un microreactor de nueva generación diseñado para suministrar energía a instalaciones militares remotas y centros estratégicos.

El objetivo oficial es garantizar resiliencia energética en bases militares, reducir dependencia de combustibles fósiles en zonas críticas, mantener operativos sistemas de inteligencia artificial y defensa incluso ante apagones masivos, y consolidar el liderazgo tecnológico frente a potencias como China y Rusia.
En paralelo, empresas privadas como Radiant desarrollan microreactores como el modelo Kaleidos, que utiliza combustible TRISO y sistemas de enfriamiento sin agua, diseñados para ser más compactos, transportables y potencialmente más seguros que las plantas tradicionales.
Además, la reactivación de la planta nuclear de Palisades en Michigan y acuerdos multimillonarios para expandir la generación nuclear vinculada al auge de la inteligencia artificial muestran que la estrategia es estructural.

Ventajas
Los defensores del plan sostienen que la nueva generación de reactores ofrece varias ventajas, entre las que destaca tener seguridad energética en contextos de crisis, esto porque bases militares y centros de datos críticos podrían operar sin depender de redes vulnerables.
Además está el caso de la reducción de emisiones, en un contexto donde la demanda eléctrica crece por la expansión de la IA y los centros de datos, así como la ventaja geopolítica.
Esto porque mientras China impulsa reactores modulares pequeños y Rusia desarrolla tecnologías nucleares avanzadas, Washington busca no quedarse atrás.
Riesgos
La expansión nuclear —aunque sea con fines energéticos— no está exenta de críticas, expertos advierten que el desarrollo acelerado de tecnologías nucleares en un contexto de tensiones con Rusia y China puede alimentar percepciones de escalada estratégica.
El mayor foco de preocupación es el futuro del tratado New START, firmado en 2010 por Washington y Moscú, que limita el número de ojivas nucleares desplegadas.

Oficialmente expiró a principios de este mes, por lo que es la primera vez desde 1972 que no hay un marco de control entre las dos mayores potencias nucleares, que concentran cerca del 87% del arsenal mundial.
Y esto es importante porque sin límites formales ni mecanismos de inspección, podría aumentar el número de armas desplegadas, crecería la desconfianza entre potencias y se abriría la puerta a una nueva carrera nuclear más compleja que la de la Guerra Fría, con tecnologías hipersónicas y sistemas autónomos.
Organizaciones especializadas en seguridad nuclear advierten que el vacío regulatorio podría desatar una competencia no solo bilateral, sino también con la inclusión de China, cuyo arsenal va en expansión.
Preocupación internacional
Desde Europa y organismos multilaterales surgieron llamados a mantener marcos de control armamentístico.
Analistas consideran que, aunque los microreactores estadounidenses están destinados a generación energética y pruebas técnicas, haber realizado el traslado aéreo se interpreta como mensaje de poder.
Estados Unidos sostiene que su plan busca resiliencia, innovación y autonomía estratégica, al tiempo que sus críticos alertan sobre riesgos de escalada y debilitamiento del régimen internacional de no proliferación.
