Lo que en los folletos de venta se promociona como un “nivel superior de vida” con “acceso privilegiado”, en el terreno se traduce en la ocupación de los últimos metros cuadrados de suelo virgen que le quedan a la isla. El desarrollo inmobiliario ha dejado de ser una promesa de crecimiento económico para convertirse en una “destrucción silenciosa” del entorno natural, donde el cemento avanza implacable sobre la costa.
El más reciente protagonista de esta controversia es el desarrollo Marietta Residencias, un complejo de “ultra-lujo” ubicado en la carretera a Sac Bajo, una zona históricamente sensible y ahora bajo la presión de la alta densidad. Este proyecto podría representar la gota que colma el vaso en un ecosistema que ya no resiste más presión.
El precio del “paraíso” exclusivo
Promocionado en internet bajo la premisa de ofrecer espacios para “encontrar la paz y diversión que mereces”, Marietta vende una ilusión de aislamiento en un entorno que, paradójicamente, está siendo devorado por la misma industria que lo oferta. El desarrollo consta de 58 residencias de “ultra-lujo” frente al mar, con unidades que van desde los 210 hasta los 510 metros cuadrados.

La exclusividad tiene un precio exorbitante: las unidades en preventa inician en aproximadamente 1.4 millones de dólares, escalando hasta superar los 2.75 millones de dólares por los penthouses. Detrás del diseño arquitectónico, liderado por el arquitecto Eduardo García Figueroa de Studio Arquitectos —quienes afirman que su equipo busca un “desarrollo integral y crecimiento en un ambiente leal” —, se esconde la realidad de la transformación irreversible del paisaje costero.
Un mapa de saturación: El fin de la costa libre
El análisis de la situación actual de Isla Mujeres revela un panorama alarmante. Lejos de ser un territorio virgen, la isla presenta una huella urbana madura y sobreexplotada. Según estimaciones basadas en análisis satelitales recientes, entre el 75% y el 85% de la costa y área construible de la isla ya se encuentra urbanizada.
La devastación avanza de norte a sur. La Zona Norte (Centro y Playa Norte) se encuentra saturada al 100%, sin tramos vírgenes y con una línea costera totalmente intervenida por infraestructura turística y vivienda. Por su parte, la Costa Oeste, donde se ubica Sac Bajo y el nuevo desarrollo Marietta, está construida casi en su totalidad, alcanzando niveles de ocupación de entre el 90% y 95% debido a la concentración de muelles y clubes de playa.
El margen de maniobra ambiental es mínimo. Apenas entre un 15% y un 25% de la isla permanece como espacio “sin desarrollar”, limitándose precariamente a la franja de la aeropista, la salina central y los acantilados de Punta Sur. Incluso zonas que visualmente parecen abiertas en la Costa Este corren paralelas a carreteras urbanizadas, confirmando que la mancha urbana ha impactado prácticamente todo el perímetro insular.

La alerta ambiental: Un ecocidio interconectado
Este fenómeno no es aislado, sino parte de una maquinaria de devastación que opera en toda la península. Carlos Samayoa, coordinador de la campaña México al grito de selva de Greenpeace, advierte que existe una “expansión inmobiliaria en toda la península de Yucatán” que está intrínsecamente ligada a actividades extractivas.
“La cantidad de bancos de material pétreo ha proliferado en cuanto a autorizaciones, porque es la materia prima, no solo para la inmobiliaria, sino también para megaproyectos como el Tren Maya”, explica Samayoa. Esta articulación busca la sobreexplotación del turismo masivo y fomenta una especulación inmobiliaria voraz.
El riesgo ecológico es inminente y subterráneo. Al estar la península compuesta por suelo cárstico (poroso), cualquier afectación en la superficie, como la construcción de grandes complejos tipo Marietta, “termina repercutiendo en el acuífero”, los cuales están interconectados en toda la región. Esto eleva el riesgo de contaminación del agua, un recurso ya crítico en la isla.
“Estamos perdiendo más de 300,000 hectáreas al año [en la región]”, alerta el activista, señalando que el ritmo de deforestación actual podría reducir la selva a la mitad en un par de décadas si no se detiene la inercia inmobiliaria.

El llamado a la emergencia
Mientras desarrollos como Marietta prometen “momentos inolvidables de privacidad” y diseños de interiores de alto perfil, las comunidades locales y organizaciones civiles enfrentan las consecuencias: encarecimiento de la vida, desplazamiento y fragmentación de ecosistemas.
Greenpeace y las comunidades indígenas han lanzado un llamado urgente a los tres niveles de gobierno para decretar un “estado de emergencia ambiental” y reconfigurar el ordenamiento territorial. La exigencia es clara: definir qué es intocable y detener la autorización de proyectos que, bajo la bandera del lujo, están cementando el futuro de Isla Mujeres.
La construcción de Marietta en Sac Bajo no es solo otro edificio; es el síntoma de una isla que ha superado su capacidad de carga, donde el desarrollo ha dejado de ser sinónimo de bienestar para convertirse en el verdugo de la belleza natural que alguna vez le dio fama mundial.
Una isla de cemento en el Caribe Mexicano

- Zona Norte y Centro (Izquierda y centro del mapa): Esta es la parte más ancha de la isla. Se observa una saturación casi total (aprox. 90-95% rojo). Los únicos espacios “libres” son los cuerpos de agua interiores (lagunas/salinas marcadas en azul claro) y la pista del aeródromo.
- Zona Sur (Punta Sur - Derecha del mapa): Aquí la urbanización se fragmenta. Aunque hay manchas rojas significativas, existen más espacios en blanco (vegetación o acantilados) entre las construcciones.
- Cuerpos de agua interiores: Las lagunas (azul claro) ocupan una porción relevante del centro que, por naturaleza, no está construida.
Cálculo aproximado:
- Área Urbanizada (Roja): ~65% - 70%
- Cuerpos de agua interiores (Azul): ~10%
- Área Terrestre Libre de Construcción (Blanco/Verde claro): ~20% - 25%
Aproximadamente solo el 20% al 25% de la tierra firme de la isla está libre de edificaciones. Si descontamos los cuerpos de agua (que no son urbanizables), la presión sobre el suelo disponible es extremadamente alta.


Densidad poblacional (Interpretación del Mapa)
Aunque el mapa no ofrece cifras de habitantes (número de personas), sí nos ofrece una densidad de ocupación del suelo.
- Densidad Alta (Saturada): Toda la Zona Norte (el pueblo tradicional) y la franja central (colonias como La Gloria, Cañotal) aparecen como un bloque rojo continuo. Esto indica que no hay separación entre predios; es una “plancha de concreto” continua. Aquí la densidad de construcción es del 100%.
- Densidad Media/Alta: Hacia la Zona Sur (Sac Bajo y Punta Sur), el patrón cambia de un bloque sólido a manchas dispersas pero grandes. Esto suele corresponder a hoteles grandes, condominios (como el proyecto Marietta que mencionabas) o residencias de lujo que ocupan mucho terreno, pero están menos “pegadas” unas a otras que en el centro.
Isla Mujeres tiene una superficie muy pequeña (aprox. 4.2 km² en la parte insular). Si cruzamos el dato visual (70% urbanizado) con datos demográficos actuales (aprox. 23,000 - 25,000 habitantes fijos + población flotante turística diaria), la densidad real es asfixiante, concentrándose la gran mayoría en la mitad norte de la isla.
El mapa de zonificación revela una realidad crítica: apenas un 20% del suelo de Isla Mujeres permanece libre de concreto. La mancha urbana (en rojo) ha devorado casi la totalidad de la zona norte y centro, dejando a la zona sur como el último reducto fragmentado que desarrollos como Marietta amenazan con terminar de saturar.
Un espejo de resistencia: la victoria de Cozumel
La amenaza que hoy se cierne sobre Isla Mujeres encuentra un paralelo esperanzador en la reciente batalla librada en Cozumel. Al igual que ahora se denuncia la saturación en Sac Bajo, activistas y colectivos de la “Isla de las Golondrinas” mantuvieron una férrea defensa legal y social contra la construcción de un cuarto muelle de cruceros, proyecto que amenazaba con devastar el sistema arrecifal bajo la misma bandera de “progreso” turístico. La suspensión definitiva de dicha obra sienta un precedente vital para todo el Caribe mexicano: la destrucción del entorno no es un destino inevitable. Hoy, la resistencia contra desarrollos como Marietta busca replicar ese éxito, demostrando que la organización ciudadana es el último dique de contención capaz de frenar a una industria inmobiliaria que parece decidida a convertir cada metro de costa libre en propiedad privada.
