La destitución de José Jerí marca un nuevo capítulo en la crisis política que atraviesa Perú. El mandatario interino fue removido por el Congreso apenas cuatro meses después de asumir el cargo, profundizando la inestabilidad institucional que el país arrastra desde años atrás.
Con su salida, la nación suma ya siete jefes de Estado en una década y Jerí se convierte en el octavo presidente destituido en ese periodo.
Removido tras investigaciones fiscales
El Congreso de Perú aprobó la destitución con 75 votos a favor, tras acusaciones de presunta inconducta funcional y corrupción. La decisión se dio en un contexto de creciente presión política, ya que el mandatario enfrentaba siete mociones de censura impulsadas por distintas bancadas.
Jerí, de 39 años, había asumido la presidencia tras la salida de Dina Boluarte, en medio de un escenario marcado por el aumento de la inseguridad y una crisis de confianza en las instituciones. Durante su breve gestión, el país registró cifras récord de homicidios y un deterioro en la percepción ciudadana sobre la gobernabilidad.
La Fiscalía de Perú mantiene una investigación en su contra por reuniones no reportadas con empresarios chinos, encuentros que habrían ocurrido fuera de la agenda oficial. Estas diligencias fueron determinantes en el debate parlamentario y aceleraron el proceso de remoción.
La salida de Jerí vuelve a evidenciar la fragilidad del sistema político peruano, caracterizado en los últimos años por enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Legislativo, destituciones sucesivas y presidentes de corta duración.
Analistas advierten que la reiteración de crisis institucionales afecta la estabilidad económica y la confianza internacional en el país. Con esta decisión, Perú enfrenta nuevamente el reto de recomponer su liderazgo político en un escenario de alta volatilidad. Hasta el momento, José Jerí no se ha manifestado públicamente para esclarecer las causas de su destitución.
