Todo está listo para el arranque formal de la Junta de Paz impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el escenario internacional se encuentra dividido entre la expectativa por un nuevo intento de mediación en Gaza que marque un precedente global y el escepticismo sobre sus implicaciones para el sistema multilateral encabezado por Naciones Unidas.
La primera sesión se celebrará este jueves en Washington, en paralelo a una reunión clave del Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York sobre el alto al fuego en Gaza y la expansión israelí en Cisjordania.
El cruce de agendas refleja la tensión latente entre la nueva iniciativa estadounidense y el órgano tradicionalmente encargado de la paz y la seguridad internacionales, al cual el mandatario estadounidense ha criticado en múltiples ocasiones.
La Casa Blanca, a través de su portavoz Karoline Leavitt, aseguró que más de 20 países asistirán a la reunión inaugural y entre los fundadores figuran Israel, Argentina, El Salvador, Paraguay, Arabia Saudí y Egipto.
De hecho se confirmó la participación líderes como el presidente argentino Javier Milei y el paraguayo Santiago Peña, mientras que Israel enviará a su ministro de Exteriores, Gideon Saar, en representación del primer ministro Benjamín Netanyahu.
Asimismo, países como Indonesia expresaron su disposición incluso a contribuir con fuerzas para una eventual misión de estabilización; sin embargo, las ausencias son incluso más significativas.
Francia, España, Suecia y Noruega rechazaron integrarse y el Reino Unido tampoco figura entre los miembros fundadores.
México declinó participar como miembro pleno al considerar que la iniciativa no incluye formalmente al Estado palestino, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que México asistirá únicamente como observador, representado por su embajador ante la ONU, Héctor Vasconcelos.
La postura mexicana, según la Secretaría de Relaciones Exteriores, responde a principios constitucionales de política exterior y al reconocimiento formal de Palestina como Estado, insistiendo en que cualquier mecanismo de paz debe incluir a ambas partes bajo la solución de dos Estados.
El Vaticano se desmarca
Uno de los rechazos más simbólicos es el del Vaticano, el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, confirmó que no participarán, señalando que algunas cuestiones del plan los dejaron “perplejos” y subrayando que las crisis deben abordarse en el marco de la ONU.
El papa León XIV ha reiterado en distintos foros la importancia del derecho internacional y el papel central de Naciones Unidas en la resolución de conflictos, además de respaldar una solución de dos Estados y pedir respeto al derecho humanitario en Gaza.
Despliegue de recursos
Trump aseguró que los miembros de la Junta prometieron cinco mil millones de dólares para la reconstrucción de Gaza y el envío de miles de efectivos para integrar una fuerza internacional de estabilización y apoyo policial, aunque no se precisó la frecuencia de estas aportaciones.
Llama la atención que algunos de los países que respaldan el plan cuentan con recursos limitados, mientras que la membresía permanente en la Junta tiene un costo de mil millones de dólares, según los estatutos del organismo.
La iniciativa nació como un mecanismo para supervisar un plan de 20 puntos enfocado en Gaza, pero su mandato se amplió hasta convertirse en un foro global de mediación de conflictos, presidido indefinidamente por Trump y con amplios poderes para fijar agenda y ejercer veto.
El reto de pacificar
El principal desafío de la Junta de Paz será la legitimidad, con el Consejo de Seguridad de la ONU activo en el mismo dossier y con 80 países respaldando una declaración crítica sobre las acciones israelíes en Cisjordania, la pregunta es si la Junta de Paz complementará o competirá con el sistema multilateral.
Otro reto será operativo, en el sentido de implementar una fuerza internacional en Gaza, avanzar en el desarme de Hamás, garantizar seguridad para Israel y reconstruir un territorio devastado tras más de dos años de guerra.
Aunque el alto al fuego vigente desde octubre permitió la liberación de rehenes y el aumento de ayuda humanitaria, la ONU sostiene que sigue siendo insuficiente.
Por ello el fracaso de la Junta no solo debilitaría la apuesta diplomática de Trump en un año políticamente sensible, sino que podría profundizar las fracturas entre Washington y sus aliados europeos, además de erosionar la credibilidad de cualquier esfuerzo alternativo a la ONU.
El arranque formal en Washington marcará mucho más que una reunión diplomática, será una prueba sobre si un nuevo formato, impulsado desde la Casa Blanca, puede alterar el tablero tradicional de la diplomacia internacional o si terminará reforzando el rol histórico de Naciones Unidas como epicentro de la paz global y represente el declive del poder político de Trump.
