El presidente Donald Trump utilizó su discurso sobre el Estado de la Unión para reafirmar y ampliar su política de mano dura contra la migración, defendiendo las deportaciones masivas y pidiendo al Congreso nuevas restricciones.
Defendió las deportaciones masivas de extranjeros ilegales a quienes se refirió nuevamente como “criminales” y pidió al Congreso prohibir la expedición de licencias de conducir a indocumentados.
Reiteró su llamado a prohibir el acceso a los indocumentados y criticó a los legisladores que bloquean las iniciativas que, a su parecer, salvarán a Estados Unidos.
El mandatario estadounidense ha destacado que su gobierno ha destinado más de 170 mil millones de dólares al Departamento de Seguridad Nacional para reforzar operativos y ampliar centros de detención.
Trump defendió las redadas migratorias pese a las críticas surgidas tras la muerte por disparos de dos ciudadanos estadounidenses durante protestas relacionadas con operativos federales. Argumentó que su política busca “restaurar el orden y la ley”.
También presionó al Congreso para aprobar legislación que exija prueba de ciudadanía para registrarse para votar en elecciones federales, una propuesta conocida como la Ley SAVE America, la cual críticos sostienen que podría dejar sin votar a millones de ciudadanos.
Al respecto, mencionó que los extranjeros no deben votar en las elecciones, a menos que presenten una identificación que pruebe su ciudadanía para votar.
El presidente insistió en que las deportaciones son necesarias para combatir el crimen en el país y aseguró que continuará usando órdenes ejecutivas si el Congreso no aprueba sus propuestas.
Postura demócrata
A pesar de esto, demócratas como el senador Alex Padilla —quien dará la respuesta en español— prometieron presentar un “camino mejor”, según adelantó la agencia AP.
A pesar de la ofensiva del presidente Trump, la migración seguirá siendo eje central de la campaña rumbo a las elecciones de mitad de mandato.
