El pasado 19 de febrero, el presidente Donald Trump convocó en Washington, D.C., la primera reunión de la Junta de Paz.
El mandatario estadounidense creó el grupo para supervisar su plan de alto el fuego en la Franja de Gaza, y anunció en la primera reunión del organismo que los estados miembros han prometido 7 mil millones de dólares para la reconstrucción del enclave palestino.
También dijo que Estados Unidos contribuiría con 10 mil millones de dólares a la Junta de Paz, aunque no está claro si tiene la autoridad para asignar los fondos o en qué se utilizarán.
Si bien al evento asistieron mandatarios o representantes de más de 40 países, algunos asistieron en calidad de observadores. Y se notó la ausencia de países como Rusia, China, Reino Unido y Francia, los otros cuatro miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.
MODIFICAR EL EQUILIBRIO
Tratar de explicar qué es, y qué no es, la Junta de Paz no es una tarea fácil, ya que en los pocos meses desde que se anunció su creación, Trump le dio un giro de 180 grados a la misión del organismo. Por ello, platicamos con el doctor Felipe Gaytán, profesor e investigador de la Universidad La Salle de México.
“La Junta de Paz busca modificar el equilibrio que durante muchos años mantuvo la ONU. Estados Unidos intenta transitar de un mundo multilateral hacia uno dividido en tres ejes con dominio geoestratégico. Rusia en Europa, China en Asia, y Estados Unidos con América Latina, donde Estados Unidos se erige como el árbitro mundial o gran gendarme”, señala el experto.
Respecto a la intención de Trump de ser presidente vitalicio del organismo, Felipe Gaytán comenta que el cargo durará mientras él sea presidente de Estados Unidos, ya que “una vez fuera del poder, su influencia se reducirá a la de un magnate sin poder político ni control sobre el ejército más poderoso del mundo”.
ÉXITO VS FRACASO
En ese sentido, el profesor de ciencias políticas considera que la Junta de Paz no tiene mucho futuro como organización mundial.
“Desaparecerá o pasará a segundo plano cuando Trump deje la presidencia. Además, el protagonismo de los personajes que Trump ha convocado está ligado a su persona, y cuando él desaparezca, ellos también perderán relevancia y tendrán que concentrarse de nuevo en sus países, si no es que les pasa antes”, advierte.
En cuanto al rechazo expresado por muchos países para formar parte de la Junta de Paz, incluso de aliados cercanos de Trump y de Estados Unidos, el experto comenta que la negativa de China, Rusia e India se explica por razones geoestratégicas: no desean estar bajo la influencia de Estados Unidos y prefieren mantener su propia agenda política.
“Participar en la Junta de Paz implicaría ceder el liderazgo mundial a Trump, cuyo liderazgo es inestable y no garantiza el cumplimiento de acuerdos. Además, la exigencia económica que pretende imponer, una cuota de mil millones de dólares, complica la viabilidad del proyecto en un contexto global marcado por recesión y conflictos.”
A pregunta expresa sobre si el organismo podría chocar en algún momento con la ONU, Felipe Gaytán señala que Trump pretende sustituir a la ONU con este organismo. Sin embargo, debido al formato unipersonal y concentrado en la toma de decisiones, la Junta de Paz no puede reemplazar a los organismos multilaterales ni competir realmente con la ONU.
“Más bien, busca deslegitimar el derecho internacional y a la propia ONU, para controlarla y reemplazarla indirectamente sin invertir en una estructura organizacional y política formal”, concluye.

LAS CLAVES
• La idea de la Junta de Paz surgió del plan del presidente Donald Trump para poner fin al conflicto en la Franja de Gaza, que incluía un alto el fuego con Israel negociado por Estados Unidos en octubre de 2025.
• El plan del presidente estadounidense se ha ampliado para tener un alcance más ambicioso, con el objetivo de poner fin a otros conflictos en todo el mundo.
• Muchos expertos consideran que el mandatario, que ha criticado durante mucho tiempo a organizaciones como la ONU y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y quien tendrá la última palabra sobre las decisiones de la Junta de Paz, busca reescribir la diplomacia global.
• Por ahora, 28 paísesconforman la Junta de Paz: Albania, Arabia Saudita, Argentina, Armenia, Azerbaiyán, Bahréin, Bielorrusia, Bulgaria, Camboya, Catar, Egipto, El Salvador, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Hungría, Israel, Indonesia, Jordania, Kazajistán, Kosovo, Kuwait, Marruecos, Mongolia, Pakistán, Paraguay, Turquía, Uzbekistán y Vietnam.
ENTREVISTA
El profesor Rafael Bustos García, de la Universidad Complutense de Madrid, responde tres preguntas sobre la Junta de Paz.
1. ¿Consideras que son demasiadas las expectativas que el mismo Donald Trump tiene sobre la Junta de Paz?
Más allá de las expectativas, hay confusión y dudas sobre su encaje legal con la ONU y los límites de sus competencias. La Junta de Paz actúa aprovechando la incertidumbre jurídica que rodea su creación y sus objetivos. Se trata de un órgano administrativo transitorio aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 17 de noviembre de 2025.
Fue en enero de 2026, durante el Foro Mundial, que alrededor de 60 países recibieron la invitación para ser parte de la organización, y muchos países decidieron no hacerlo porque sus estatutos entran en conflicto con las obligaciones asumidas por los países que conforman las Naciones Unidas y con los poderes y competencias atribuidos a esta organización.
De hecho, la autorización para crear la Junta de Paz estaba confinada a la cuestión de la Franja de Gaza. El nuevo organismo, por instrucciones de su fundador, asume competencias universales de consolidación de paz sin límite geográfico alguno. El Consejo de Seguridad fijó el 31 de diciembre de 2027 como la fecha para la conclusión de la Junta de Paz, pero sus estatutos afirman que se disolverá cuando quiera su presidente.
2. ¿Qué nos dice el hecho de que muchos países no desean ser parte de la Junta de Paz?
Una lectura de sus estatutos deja entrever una extraña combinación de aspectos jurídicos vinculados a las organizaciones internacionales junto con otros que son típicos de las empresas privadas.
Además, Donald Trump afirmó durante la primera reunión del organismo que aunque la ONU tiene un gran potencial, la Junta de Paz supervisará a Naciones Unidas y se asegurará de que haga su trabajo correctamente. No obstante, la Carta de las Naciones Unidas es un tratado internacional que tiene preeminencia sobre cualquier otro, y no admite subordinación.
La reunión inicial del organismo convocó a 27 miembros y otros 20 países en calidad de observadores, muchos de los cuales no querían faltar porque se iba a tratar del futuro de Gaza y de Palestina. Ausentes estuvieron países como Francia, Rusia y China, y, desde luego, no hubo autoridades de Naciones Unidas.
3. ¿Algún comentario sobre los planes de la Junta de Paz para Gaza, que será su primera, y tal vez última, prueba de fuego?
Durante la primera reunión del organismo se celebró, de forma triunfalista, como si el conflicto en la Franja de Gaza ya estuviera resuelto, afirmando que es un éxito indiscutible de Trump. Se habló de que el número de muertos se ha reducido, ocultando que Israel ha matado al menos 600 personas en Gaza desde entonces.
El capital público que se prometió para Gaza a través de la Junta de Paz, de al menos 7 mil millones de dólares, busca convertir a Gaza en un resort turístico, rentabilizando su costa de playa. Ni una sola palabra sobre cómo se hará esto, cómo antes se tendrán que retirar los 60 millones de toneladas de escombros (que tomará años), cómo van a descontaminar el suelo agrícola y el agua subterránea, quiénes construirán las viviendas y las torres de apartamentos o cómo se conectará con el mundo exterior.
Y de la soberanía de Gaza ninguna mención.



