La tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán entró en una fase de confrontación intensa, el presidente Donald Trump aseguró que fuerzas aliadas “destruyeron y hundieron nueve buques de guerra iraníes”, incluyendo embarcaciones “relativamente grandes e importantes”, y que la ofensiva continuará hasta que “el resto también esté flotando en el fondo del mar”.
La declaración se produjo en medio de reportes de ataques contra el cuartel general naval iraní, que según el mandatario fue “prácticamente destruido”.
Mientras tanto, en Israel, las sirenas antiaéreas volvieron a sonar de forma incesante tras varias horas de aparente calma, de acuerdo con reportes preliminares, una nueva ola de misiles fue dirigida hacia la zona de Jerusalén, con posibles impactos que ya están siendo atendidos por equipos de rescate desplegados en distintos puntos.
Las alarmas masivas reflejan que la respuesta iraní no se hizo esperar, en un intercambio que amenaza con extenderse más allá de las fronteras de ambos países y arrastrar a actores regionales e internacionales.
Hackeo a televisora
Por su parte, en Irán medios locales informaron que una estación de televisión fue hackeada y comenzó a transmitir un mensaje del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien llamó directamente al pueblo iraní a “tomar el destino de su futuro en sus manos” y salir a las calles “cuando llegue el momento adecuado”.
El hecho representa la estrategia invisible, pero de gran impacto: la guerra cibernética y psicológica.
El hackeo de una señal de televisión nacional en medio de ataques militares constituye un golpe simbólico que busca impactar no solo al régimen, sino a la población civil iraní.
Reportes de daños
El conflicto ya cobró vidas no solo de iraníes e israelíes, sino también estadounidenses, pues según el Comando Central, tres militares de Estados Unidos murieron y cinco resultaron gravemente heridos en los ataques contra Irán, marcando las primeras bajas en esta ofensiva de gran escala.
Irán, por su parte, lanzó represalias contra bases estadounidenses en Bahréin y Emiratos Árabes Unidos.
La Guardia Revolucionaria amenazó con la “operación ofensiva más intensa” de su historia, dirigida contra instalaciones militares israelíes y estadounidenses.
En medio de versiones cruzadas, el ejército estadounidense negó que el portaaviones USS Abraham Lincoln haya sido alcanzado por misiles balísticos iraníes, desmintiendo afirmaciones difundidas por Teherán.
