El peso mexicano abrió operaciones cerca de los 17.19 por dólar en un entorno internacional marcado por una fuerte aversión al riesgo. Los fundamentales económicos locales han quedado temporalmente en segundo plano ante la gravedad de la crisis en Oriente Medio, donde la confirmación de la muerte del Ayatolá Alí Jamenei y el inicio de una ofensiva militar masiva de Estados Unidos e Israel contra Irán detonaron un episodio de volatilidad global.
La reacción inmediata en los mercados fue clara: el petróleo se disparó más de 7% en el premercado y el oro avanzó por encima de los 5,300 dólares, impulsado por la búsqueda de activos refugio ante el riesgo de un eventual cierre del Estrecho de Ormuz, punto clave para el comercio energético mundial.
Presión externa domina al peso
Aunque México ha mantenido un discurso institucional orientado a la diplomacia, con llamados de la presidenta Claudia Sheinbaum y respaldo del Senado para privilegiar la estabilidad y la paz, el peso enfrenta presión devaluatoria derivada del nerviosismo global.
En este contexto, los inversionistas reducen exposición a activos emergentes y buscan refugio en instrumentos considerados más seguros, como el dólar estadounidense o el franco suizo. Este movimiento limita la capacidad del peso para reaccionar a datos internos positivos que se conocerán más adelante, como la balanza fiscal o el PMI de Estados Unidos.
Energía, petróleo y efecto contagio
El encarecimiento del petróleo es uno de los principales catalizadores del día. Un aumento sostenido en los precios energéticos podría presionar la inflación global y reforzar posturas monetarias restrictivas en economías desarrolladas, fortaleciendo al dólar.
Además, la incertidumbre se entrelaza con la expectativa de las nóminas no agrícolas (NFP) en Estados Unidos, lo que anticipa una semana de volatilidad elevada. El llamado “Superpeso” enfrenta una prueba importante si el flujo de capital se redirige hacia activos de menor riesgo.
¿Hay soporte estructural para el peso?
A pesar del entorno adverso, existen factores internos que podrían actuar como ancla en el mediano plazo. El optimismo reciente de Banco de México respecto al desempeño económico para 2026 sugiere fundamentos sólidos que, una vez que la prima de riesgo geopolítico se estabilice, podrían permitir una recuperación gradual del tipo de cambio.
Asimismo, mantener una postura diplomática y neutral es clave para preservar los flujos de Inversión Extranjera Directa en medio del caos internacional.
Proyecciones para la jornada
De acuerdo con el análisis de Felipe Mendoza, Analista de Mercados de EBC Financial Group, el comportamiento del tipo de cambio dependerá principalmente de la evolución del conflicto en Oriente Medio.
Si la tensión militar aumenta durante la sesión, el par podría romper la resistencia de 17.30 con objetivo hacia los 17.40. En contraste, si el mercado asimila el shock inicial del petróleo y se modera el flujo de noticias, el rango podría ubicarse entre 17.17 y 17.24.
En el plano técnico, el nivel de 17.10 se mantiene como soporte relevante, aunque difícil de testear ante la fuerte demanda global de dólares como refugio.
El peso arranca la jornada condicionado por factores externos extraordinarios. Más allá de los datos económicos locales, el mercado cambiario opera hoy bajo la lógica de la geopolítica y la energía. La clave estará en la evolución de los acontecimientos internacionales y en la velocidad con la que los inversionistas ajusten su percepción de riesgo.
