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Sucesión en Irán, ¿cómo se elige al líder supremo en relevo de Jamenei y quién podría ser?

La Constitución de Irán fija un consejo provisional y entrega la decisión a la Asamblea de Expertos, pero filtros políticos y presiones complicarán la transición

Alí Jamenei Exlíder supremo iraní fallecido por un ataque de Israel con apoyo de Estados Unidos. IRIB (IRIB/Europa Press)

En medio de ataques con drones y misiles en la escalada contra Irán por parte de Israel y Estados Unidos, hay un proceso que se realizará en Irán que elevará la tensión, la sucesión del ayatolá Alí Jamenei, que aunque no es una elección popular ni una “designación” pública, implicará una importante pugna por el poder.

En la arquitectura de la República Islámica, el cambio de líder supremo ocurre en cuartos cerrados, con reglas escritas en la Constitución… y con presiones políticas, económicas y de seguridad que pueden convertir el proceso en una prueba de estrés para todo el sistema.

Elección del liderazgo en Irán

La Constitución iraní establece que el Majlis-e Khobregan (asamblea/“Majlis” de expertos) —clérigos electos— tiene la tarea de designar al líder supremo, el artículo 107 indica que “los expertos” analizan a los juristas islámicos (fuqaha) que cumplen con los criterios constitucionales y eligen a uno como líder.

El filtro empieza en el Consejo de Guardianes, el cual supervisa las elecciones de esa Asamblea, según el artículo 99, esa supervisión, subraya el Middle East Institute (MEI), termina dando al poder establecido una ventaja decisiva para moldear quién llega a la sala donde se vota al sucesor.


Pero, ¿qué pasa si el líder muere o queda fuera de funciones? El artículo 111 activa un mando provisional, que es un consejo compuesto por el presidente, el jefe del Poder Judicial y un faqih del Consejo de Guardianes seleccionado por el Consejo de Discernimiento el cual asume temporalmente funciones del líder “hasta” que se nombre al sucesor.

Posibles sucesores

No existe una lista oficial; sin embargo, análisis de centros de política exterior y especialistas indican algunos de los nombres que podrían ocupar el cargo.

El Council on Foreign Relations (CFR) menciona a los posibles aspirantes más mencionados en la especulación mediática, con énfasis en credenciales religiosas e institucionales.

Mojtaba Jamenei

Mojtaba Jamenei, segundo hijo varón del líder supremo, aparece como el contendiente de alto perfil en escenarios de sucesión, según el CFR.

Su fortaleza no está en un cargo ejecutivo visible, sino en su influencia interna, el CFR sostiene que ha tejido vínculos con aparatos de seguridad y con la Guardia Revolucionaria (IRGC), además de haber estudiado con el clérigo ultrarradical Mohammad-Taqi Mesbah Yazdi.

Su principal talón de Aquiles es político, su llegada podría interpretarse como herencia dinástica, algo que el propio sistema suele evitar; además, el CFR remarca su escasa experiencia administrativa formal y credenciales teológicas más limitadas.

Ayatolá Alireza Arafi

Alireza Arafi es uno de los nombres que más encaja con un escenario de continuidad burocrática-religiosa, el CFR lo perfila como miembro del Consejo de Guardianes y de la Asamblea de Expertos, y destaca que actualmente lidera el sistema de seminarios del país, una plataforma clave en la legitimidad clerical del régimen.

Su ventaja sería llegar con “llaves” institucionales: conoce el corazón del Estado religioso y sus redes, aunque su reto es la legitimidad social, pues el CFR advierte que varios de los posibles sucesores —incluidos clérigos con alto peso interno— carecen de reconocimiento público fuera del círculo de poder, lo que vuelve más difícil gobernar un país con tensiones sociales y presión externa.

Hojjat-ol-Eslam Mohsen Qomi

Mohsen Qomi aparece como un “hombre de oficina” que, en política iraní, puede significar mucho más que un burócrata, el CFR lo describe como asesor clave dentro de la oficina de Jamenei, una posición donde se administra el poder cotidiano ante canales de decisión, mensajes y coordinación con redes religiosas y políticas.

En una sucesión, ese perfil sirve como bisagra debido a que conoce a las facciones, los equilibrios y los temores del sistema.

El riesgo es el mismo que para otros aparatos internos, el convertir influencia entre élites en autoridad nacional.

Según el CFR, la apuesta por figuras de este tipo puede producir “khameneísmo sin Jamenei”: continuidad del modelo, pero con un líder que debe aprender a ejercer un poder enorme en medio de crisis.

Ayatolá Mohsen Araki

Mohsen Araki es otro nombre recurrente en el radar de analistas por su carrera dentro de los órganos del sistema, el CFR lo ubica como miembro de larga trayectoria en la Asamblea de Expertos, el cuerpo que decide la sucesión.

Sobre todo porque en Irán, el futuro líder no solo necesita autoridad religiosa, también debe ser “aceptable” para quienes controlan el procedimiento, su fortaleza sería la pertenencia al engranaje que define continuidad.

Su debilidad potencial está en la coyuntura, Irán enfrenta estrés económico, tensiones regionales y disputas internas sobre el rumbo, y en ese contexto, un perfil más clerical-administrativo puede ser visto como garantía… o como incapaz de ofrecer una salida política.

Ayatolá Gholam Hossein Mohseni Ejei

Mohseni Ejei es, en la lista del CFR, el aspirante con el cargo más “duro”, actualmente encabeza el Poder Judicial, el propio CFR señala que, entre los nombres que circulan, él es el que ha tenido un rol más visible y con mayor roce con asuntos de Estado, a diferencia de otros clérigos menos conocidos por la opinión pública.

Esa experiencia institucional podría facilitar el control interno en una transición tensa; sin embargo, ese mismo perfil puede complicar la búsqueda de legitimidad social si el país atraviesa protestas o polarización, ya que un sucesor asociado al brazo judicial puede ser leído como el rostro de la coerción.

Para el sistema, sin embargo, su ventaja es evidente, representa orden, disciplina y redes internas en un momento de amenaza.

Ayatolá Hashem Hosseini Bushehri

Hashem Hosseini Bushehri aparece en la lista del CFR como posible sucesor y es presentado como líder de oración del viernes en Qom, el centro religioso por excelencia del clero iraní.

Su peso proviene del simbolismo y las redes clericales: Qom es termómetro doctrinal y político.

En una transición, un liderazgo con anclaje en ese corazón religioso puede ofrecer legitimidad para el concepto mismo del velayat-e faqih.

Su reto, según advierte el CFR sobre varios “funcionarios religiosos” candidatos, es que muchos son poco conocidos para el público y no han gestionado crisis de seguridad nacional, lo que vuelve más cuesta arriba sostener unidad interna cuando el país enfrenta presión externa y crisis económica.

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