En un endurecimiento radical de su postura oficial, el gobierno de Irán manifestó su disposición para sostener un conflicto bélico extenso contra Estados Unidos.
Kamal Kharazi, asesor de política exterior de la oficina del líder supremo, descartó cualquier posibilidad de retomar la vía diplomática en el corto plazo, argumentando que las experiencias previas de negociación resultaron en ataques directos mientras el diálogo seguía en curso. Según el funcionario, el margen para la diplomacia desapareció debido al incumplimiento de promesas por parte de la administración de Donald Trump.
La estrategia de Teherán ahora se enfoca en ejercer una presión económica insostenible a nivel global para forzar la retirada estadounidense. Kharazi señaló que los ataques contra países del golfo Pérsico continuarán con el objetivo de que estas naciones persuadan a Washington de detener la agresión.
La cúpula iraní sostiene que el fin de las hostilidades solo llegará cuando el incremento en la inflación y la escasez de energía obliguen a terceros países a intervenir para garantizar la seguridad de sus propios intereses económicos.
El impacto en los mercados energéticos internacionales alcanzó niveles críticos tras el décimo día de hostilidades. El tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz se desplomó, impulsando el precio del crudo por encima de los 100 dólares por barril.
Datos de Rapidan Energy Group indican que el conflicto interrumpió el 20% del suministro mundial de petróleo, cifra que duplica el récord histórico de la Crisis de Suez. Además de la parálisis en el flujo de crudo, la guerra eliminó la “capacidad disponible” del mercado, dejando a la economía global sin amortiguadores ante futuros recortes en la producción.
En el plano militar, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) informó que emplea actualmente el 60% de su potencia de fuego para golpear bases estadounidenses e intereses estratégicos. A pesar de que Teherán afirma concentrar sus ataques en objetivos militares, se reportan impactos reiterados en zonas residenciales y aeropuertos civiles de la región. El ascenso de Mojtaba Jamenei al máximo cargo del país tras la muerte
de su padre refuerza la probabilidad de una mayor escalada bélica, manteniendo la unidad entre el ejército y el liderazgo supremo.
Ante la advertencia de Donald Trump, quien calificó de “inaceptable” el nuevo nombramiento en la jerarquía iraní, Kharazi fue tajante al señalar que los asuntos internos de sucesión no competen a potencias extranjeras. La situación actual perfila un escenario de desgaste donde la economía mundial y la infraestructura del Golfo son los principales campos de batalla de una guerra que no muestra señales de tregua.
