Las enfermedades cardiovasculares se mantienen como la principal causa de muerte en México. Solo en el primer semestre de 2025, cerca de 93 mil 935 personas fallecieron a consecuencia de hipertensión, infartos u otros padecimientos cardíacos.
Ante este panorama, dispositivos como los marcapasos representan una segunda oportunidad para miles de pacientes; sin embargo, la tecnología convencional también tiene límites y no todos los cuerpos pueden tolerarlo a largo plazo.
En entrevista con Publimetro, Carolina Taborda Campiño, quien hoy vive con el marcapasos más pequeño del mundo, relató la historia de sus cicatrices y cómo el “Micra” llegó para cambiar su vida y seguir escribiendo su historia.
“No es una tecnología para todos. Esto surge para pacientes como yo, cuyas venas ya no soportan cables convencionales de un marcapasos”, expresó.
¿Qué problema del corazón tienes?
— Nací con una condición que impide que el pulso eléctrico del corazón se genere de manera normal. Tengo un bloqueo entre la aurícula y el ventrículo, lo que significa que mi corazón no puede mantener un ritmo cardíaco adecuado por sí solo.
Desde que nací, los médicos dijeron a mis padres que probablemente necesitaría un marcapasos. Entonces, a los cinco años comencé a desmayarme y fue cuando recibí el primer marcapasos.
¿Cómo fue tu primer marcapasos y qué impacto tuvo crecer con cicatrices?
— Era bastante grande y pesado, como una moneda muy grande. Como era pequeña, fue implantada en el abdomen; en ese tiempo las incisiones eran grandes porque la tecnología era mucho más limitada.
Tengo cicatrices en el abdomen y espalda por esos procedimientos, pero hoy la medicina ha avanzado muchísimo y las incisiones son mínimas.
Cuando eres pequeño realmente no entiendes la magnitud de lo que significa una cirugía o una cicatriz, eso lo vas comprendiendo cuando creces, en la escuela, en la universidad o en espacios públicos como una piscina.
Entonces, con el tiempo intenté ocultar ciertas cicatrices porque la gente preguntaba, pero después entendí que las cicatrices cuentan historias de resiliencia y pueden inspirar a otros.
Ahora el micra es el séptimo marcapasos que tengo; durante mi vida he tenido seis marcapasos convencionales con cables que van por las venas hasta el corazón; sin embargo, esos cables empezaron a obstruir mis venas al grado de provocar una trombosis.

¿En qué momento tu vida estuvo en riesgo?
— Llegó un punto en que mis venas simplemente dijeron ‘ya no aguantamos más’, estaban muy obstruidas y ya no había por dónde introducir más cables. Fue ahí cuando los médicos empezaron a buscar otra alternativa para que pudiera seguir viviendo.
Estaba muy preocupada porque sentía que ya no había opciones para mí, pero un médico llegó y me explicó que existía un marcapasos sin cables, y eso realmente me cambió el ánimo, ya que no imaginaba que algo así podría existir.
Mi procedimiento duró entre 45 minutos y una hora; este marcapasos se introduce por la vena femoral de la pierna con una incisión menor a un centímetro. Desde ahí lo llevan al corazón y lo alojan directamente en una de sus cámaras.
¿Quiénes pueden recibir el micra?
— Lo primero es no perder la esperanza. Tuve un momento en que me dijeron que ya no había opciones, pero después apareció esta tecnología que cambió mi vida. La ciencia y la medicina avanzan.
Creo que debería existir igualdad de acceso a las mejores tecnologías para todos los pacientes. A mí los médicos me dijeron que la batería del micra duraba entre siete y once años, ahora llevo cuatro años con él.
Entonces, seguramente en unos cuantos años, cuando llegue el momento de cambiarlo, posiblemente habrá mejores dispositivos.

