El peso mexicano arrancó la jornada cerca de los 17.76 por dólar, pero la aparente calma duró poco. En las primeras horas de cotización, la moneda nacional escaló hasta la barrera psicológica de los 18.00 pesos, un movimiento que encendió todas las alarmas en el mercado cambiario y reflejó una depreciación superior al 1% en cuestión de horas.
La reacción del mercado no se explica por un solo factor, sino por una combinación de presiones externas e internas que dibujan una especie de “tormenta perfecta”. Por un lado, el precio del petróleo rompió la barrera de los 110 dólares, elevando el temor a una inflación importada en un momento especialmente sensible para la economía mexicana. Por otro, el dólar gana fuerza globalmente como activo refugio, mientras el conflicto en Medio Oriente sigue ampliándose y eleva la aversión al riesgo entre inversionistas.
El petróleo arriba de 110 dólares aumenta la presión
Uno de los elementos que más preocupa al mercado es el encarecimiento de los energéticos. El salto del petróleo por encima de los 110 USD impacta de forma directa en las expectativas de inflación, sobre todo en una economía como la mexicana, donde el costo internacional de los combustibles termina trasladándose a precios, logística y estructura productiva.
El repunte energético llega además justo antes de que el mercado procese el dato local de inflación, que en la lectura previa fue de 3.79%. En este contexto, la depreciación del peso incrementa el riesgo de una mayor presión inflacionaria por la vía de importaciones más caras, sobre todo si el dólar consolida su fortaleza.
Medio Oriente: el factor que domina al mercado
La principal fuente de nerviosismo sigue estando fuera de México. De acuerdo con el análisis de Felipe Mendoza, de EBC Financial Group, la decisión de Irán de nombrar al hijo de Jamenei como líder supremo, sumada a la ampliación de los ataques israelíes, refuerza la percepción de un conflicto de largo aliento.
Esa lectura geopolítica alimenta la compra de dólares y eleva el precio de los combustibles, lo que impacta directamente a monedas emergentes como el peso mexicano. Aunque México no enfrenta un desabasto inmediato, el mercado ya anticipa un encarecimiento en costos y una presión adicional sobre la balanza comercial y el consumo interno.
Dólar fuerte, Fed restrictiva y presión para Banxico
La subida del tipo de cambio también ocurre en un momento en el que el diferencial de tasas vuelve a cobrar relevancia. Si la inflación energética escala y la Reserva Federal endurece su discurso, el dólar podría fortalecerse aún más frente a monedas emergentes.
Esto coloca a Banxico en una posición delicada. Si la inflación local sorprende al alza, el banco central tendrá que decidir entre sostener una postura restrictiva para defender la estabilidad de precios o permitir un mayor debilitamiento del peso en un entorno donde el crecimiento también enfrenta obstáculos.
El mercado ya cambió de tono técnico
Superar los 18.00 pesos por dólar no es un detalle menor. Más allá del impacto simbólico, el rompimiento modifica el sesgo técnico de mediano plazo y coloca al tipo de cambio en una zona de mayor sensibilidad.
Según la lectura del mercado, la resistencia inmediata se ubicaría en 18.15, mientras que el antiguo techo de 17.90 pasa ahora a funcionar como soporte. Eso significa que, aun si el peso logra recuperar algo de terreno, los operadores seguirán viendo el entorno con cautela.
Incertidumbre regional y promesas de inversión
A este escenario se suman elementos diplomáticos y de percepción. La lectura de debilidad tras la Cumbre Escudo de las Américas añade presión sobre la imagen de liderazgo regional de México, mientras el mercado evalúa si la promesa de 100 mil millones de dólares en inversión por parte de empresarios durante los próximos años será suficiente para mejorar el ánimo.
Por ahora, la respuesta parece ser negativa: el flujo de noticias provenientes de Medio Oriente pesa mucho más que cualquier promesa de mediano plazo.
Qué podría pasar ahora con el peso
La sesión apunta a ser una de las más volátiles de las últimas semanas. Si la inflación local sorprende al alza o si el conflicto en Medio Oriente suma un nuevo episodio de escalada, el dólar podría consolidarse todavía más como refugio y empujar al peso hacia nuevas zonas de presión.
En el corto plazo, el mercado seguirá mirando dos ejes: la evolución del petróleo y las noticias geopolíticas. Mientras ambos se mantengan tensos, cualquier rebote del peso podría ser interpretado más como una pausa técnica que como el inicio de una recuperación sólida. Por ahora, tocar los 18.00 por dólar cambia el tono del mercado y confirma que el peso entró en una fase de vulnerabilidad más marcada.
