El tráfico en la Ciudad de México no solo implica largas horas dentro de un automóvil o en el transporte público. También representa un costo económico millonario para la ciudad.
De acuerdo con el César Velázquez, profesor de Economía de la Universidad Iberoamericana, reducir apenas un minuto el tiempo de traslado en cada viaje diario podría generar un valor económico cercano a 4,500 millones de pesos al año.
La estimación parte de los 34.5 millones de viajes que se realizan diariamente en la Zona Metropolitana del Valle de México, según datos de la Encuesta Origen-Destino.
Si cada uno de esos trayectos se redujera solo un minuto, se ahorrarían 34.5 millones de minutos al día, equivalentes a 575 mil horas diarias, más de 24 mil días o aproximadamente 65 años de tiempo acumulado.
“El cálculo se realiza monetizando ese tiempo con base en el PIB per cápita de la Ciudad de México y del Estado de México, considerando alrededor de 200 días laborales al año. Es un cálculo sencillo que puede sofisticarse, pero permite dimensionar el enorme valor económico que tiene un solo minuto en la movilidad cotidiana”, explicó Velázquez.

El tiempo, el recurso más escaso
Para el académico, el problema del tráfico no solo se refleja en pérdidas económicas, sino también en el uso del tiempo, un recurso limitado para cualquier persona.
“El tiempo es el recurso más escaso que tenemos los seres humanos. El día tiene 24 horas y el año 365 días, y eso no cambia para nadie. Ese tiempo sirve para trabajar, pero también para descansar, convivir con la familia o realizar actividades personales”, señaló.
Cuando ese tiempo se pierde en el tráfico, añadió, el impacto no solo es económico, sino también social.
Traslados largos y desigualdad urbana
El especialista también advirtió que los tiempos de traslado en la zona metropolitana afectan a toda la población, pero golpean con mayor fuerza a quienes viven en zonas periféricas.
En promedio, un viaje dentro de la metrópoli puede durar entre 40 y 45 minutos. Sin embargo, para quienes se desplazan desde municipios alejados o zonas con menor infraestructura de transporte, el trayecto puede duplicarse.
“Hay personas que pasan cerca de 80 minutos en un solo traslado. Eso significa que, entre ir y regresar del trabajo, pueden dedicar alrededor de 160 minutos al transporte, es decir, más de dos horas y media al día”, explicó.
Este tiempo perdido impacta directamente en el descanso, la convivencia familiar y las oportunidades de desarrollo personal de millones de habitantes.

El tráfico como problema económico colectivo
Desde el punto de vista económico, el tráfico funciona como una externalidad negativa, explicó Velázquez.
Esto significa que cuando una persona decide usar su automóvil, genera costos para los demás usuarios de la red vial.
“Cada coche que se incorpora a la red vial hace que todos los demás vayan más lento. Cuando utilizo mi coche no solo estoy tomando una decisión individual, también estoy generando costos para todos los habitantes de la ciudad”, señaló.
Sin embargo, muchas personas siguen optando por el automóvil porque, en numerosos trayectos, el transporte público puede resultar más lento o menos eficiente.
Pequeños problemas urbanos, grandes pérdidas
El académico también subrayó que problemas aparentemente menores —como baches que tardan semanas en repararse o topes mal ubicados— pueden incrementar los tiempos de traslado y generar pérdidas económicas acumuladas.
“Son cosas a las que ya estamos acostumbrados, pero no siempre dimensionamos el costo económico que implica un tope mal puesto o un bache que no se tapa durante semanas”, explicó.

Movilidad con enfoque de red
Ante este escenario, el especialista consideró que las políticas públicas de movilidad deben planearse con una visión integral de la red urbana y con análisis costo-beneficio claros.
“Toda obra pública debería tener un análisis costo-beneficio transparente. La movilidad no se puede pensar solo desde una calle o una colonia, sino desde el funcionamiento completo de la red urbana”, afirmó.
Para el académico de la Iberoamericana, comprender el valor económico del tiempo es clave para dimensionar la magnitud del problema.
“Un minuto parece poco, pero en una ciudad donde se realizan decenas de millones de viajes diarios, ese minuto vale años de vida acumulada para la sociedad”, concluyó.
