El peso mexicano comenzó la jornada alrededor de los 17.85 pesos por dólar, en una apertura que confirma el tono de presión cambiaria que ha dominado la semana. La moneda nacional llega al día con una clara sensibilidad frente al entorno internacional, particularmente por el efecto del conflicto en Oriente Medio sobre el mercado energético y por la fortaleza renovada del dólar.
En este momento, la lógica del mercado parece haber desplazado a un segundo plano los fundamentales internos. Lo que está pesando más es el shock externo: el petróleo Brent por encima de los 100 dólares, el bloqueo iraní en el Estrecho de Ormuz y la parálisis de producción en instalaciones clave de la región. En ese escenario, el peso actúa como una divisa expuesta al nerviosismo de los mercados emergentes, mientras el Índice Dólar (DXY) busca nuevos máximos anuales.
El petróleo y la geopolítica marcan el tono del mercado
La principal fuerza detrás de la debilidad del peso sigue siendo el entorno energético internacional. Cuando el crudo escala por riesgos de guerra o de interrupción de suministro, la reacción natural del mercado suele ser migrar hacia activos refugio, entre ellos el dólar. Eso eleva la presión sobre monedas como la mexicana, que se vuelven más vulnerables en fases de aversión al riesgo.
En esta ocasión, el bloqueo iraní en el Estrecho de Ormuz y la parálisis parcial en zonas petroleras relevantes han alimentado esa percepción de fragilidad. El resultado es un entorno en el que el tipo de cambio reacciona más a titulares bélicos y energéticos que a señales domésticas de corto plazo.
Producción industrial en México: una señal para medir enfriamiento
Del lado local, uno de los datos más importantes para la sesión es la producción industrial en México, cuya expectativa se ubica en 1.7%. Si la lectura confirma una desaceleración del sector secundario, el dato reforzaría la narrativa de enfriamiento económico que ya preocupa a distintos sectores productivos.
En paralelo, el sector textil ha venido advirtiendo sobre mayores costos operativos y competencia desleal, lo que ha obligado a la Secretaría de Economía a reforzar medidas de defensa comercial. Ese telón de fondo complica aún más el panorama para una economía que intenta sostener inversión y crecimiento mientras enfrenta presiones externas cada vez más intensas.
PCE y PIB en Estados Unidos: el verdadero detonante del día
Si hay un dato que puede inclinar la balanza con fuerza este viernes, es el deflactor del consumo (PCE) en Estados Unidos, junto con la revisión del PIB. El PCE es especialmente relevante porque funciona como uno de los indicadores de inflación más observados por la Reserva Federal.
Si la inflación sale por encima de lo esperado, el mercado podría asumir que la Fed tendrá menos margen para recortar tasas hacia 2026. Eso fortalecería todavía más al dólar y aumentaría la probabilidad de que el peso busque rápidamente la zona de 18.00.
En cambio, una lectura más moderada podría darle algo de respiro al tipo de cambio, aunque difícilmente eliminaría por completo la presión que hoy viene del frente geopolítico.
Sheinbaum, “Plan B” y gasolina controlada
En el plano político interno, el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta el rechazo de su reforma electoral en el Congreso, lo que lo ha obligado a moverse hacia un “Plan B” basado en recortes presupuestales a organismos locales y municipios para mantener viva su agenda de austeridad.
Desde la óptica del mercado, este giro añade una capa de incertidumbre política en un momento de alta fragilidad externa. Al mismo tiempo, el gobierno intenta blindar la confianza del consumidor renovando el acuerdo con gasolineros para mantener la gasolina regular por debajo de 24 pesos por litro.
La medida ayuda a contener el impacto inflacionario del petróleo sobre los hogares, pero no deja de implicar un costo fiscal relevante. En otras palabras, la estabilidad de precios que gana el consumidor puede traducirse en una presión adicional para las finanzas públicas.
México, Irán y el delicado equilibrio diplomático
A todo esto se suma la tensión diplomática derivada de la petición de Irán para que México condene los ataques de la administración Trump. La presidenta Sheinbaum ha respondido apelando al multilateralismo y al marco de la ONU, una posición que busca equilibrio, pero que se vuelve delicada dada la cercanía de la revisión del T-MEC y de la nueva misión comercial a Canadá.
México se mueve así en una línea delgada: necesita sostener una postura diplomática consistente sin deteriorar la relación pragmática con sus socios comerciales del norte.
Los niveles que hay que vigilar hoy
Según el análisis de Felipe Mendoza, Analista de Mercados EBC Financial Group, el peso mantiene un sesgo de depreciación con una resistencia técnica importante entre 17.95 y 18.00, y un soporte en 17.70.
Si la aversión al riesgo aumenta por nuevos ataques a infraestructura petrolera o si los datos de Estados Unidos sorprenden al alza, el tipo de cambio podría testear la barrera psicológica de 18.00 a 18.05. Bajo ese escenario, la volatilidad seguiría siendo la regla y no la excepción.
El peso mexicano enfrenta una jornada complicada, atrapado entre una economía local que muestra señales mixtas y un entorno internacional dominado por el riesgo energético y la incertidumbre monetaria. La combinación de petróleo caro, tensión geopolítica, datos clave en Estados Unidos y ruido político interno deja poco espacio para una recuperación sólida en el corto plazo.
Por ahora, la gran pregunta del mercado es si el peso logrará resistir por debajo de los 18 pesos o si el conjunto de presiones terminará por empujarlo a una nueva etapa de debilidad. En cualquier caso, la sesión apunta a moverse bajo una sola constante: volatilidad alta y cautela extrema.
