El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este viernes una advertencia directa contra el gobierno de Irán, asegurando que sus fuerzas militares ejecutarán un ataque “muy duro” durante la próxima semana. Estas declaraciones ocurren en un contexto de máxima tensión bélica, tras días de intercambios de fuego y una parálisis en las rutas comerciales de energía en el Medio Oriente.
Desde la Casa Blanca, el mandatario estadounidense enfatizó que la planificación de esta nueva ofensiva responde a la necesidad de neutralizar las capacidades defensivas iraníes. Trump señaló que el golpe previsto para los próximos días carece de precedentes en la actual campaña, buscando forzar un cambio en la postura de Teherán respecto al bloqueo de suministros.

Por su parte, el gobierno de Irán manifestó recientemente su intención de no atacar a sus países vecinos, enfocando sus operaciones exclusivamente contra los activos de la coalición encabezada por Washington.
La retórica agresiva contra Irán coincide con una decisión estratégica en el mercado de hidrocarburos. El gobierno de Estados Unidos autorizó una reducción en las sanciones que pesaban sobre el petróleo ruso, permitiendo que naciones aliadas compren crudo a Moscú.
Esta medida técnica intenta mitigar el desabasto provocado por el cierre del Estrecho de Ormuz, reconociendo que la guerra interrumpió el flujo tradicional de energía y puso en riesgo la estabilidad operativa de las economías occidentales.

En medio de los preparativos para la ofensiva de la próxima semana, fuentes cercanas a las investigaciones internacionales señalan una probable responsabilidad de las fuerzas estadounidenses en un ataque previo contra una escuela en Irán.
Aunque el Pentágono mantiene bajo reserva los detalles operativos, diversos reportes indican que proyectiles de origen norteamericano causaron daños a infraestructura civil y víctimas no combatientes, lo que incrementó el rechazo de la población local hacia la intervención extranjera.
