Las autoridades de aviación civil de los Estados Unidos ordenaron este viernes una suspensión inmediata de operaciones terrestres y despegues en cuatro aeropuertos estratégicos de la región de la capital y áreas circundantes.
El Secretario de Transporte, Sean Duffy, confirmó a través de sus canales oficiales que la medida afecta al Aeropuerto Nacional Ronald Reagan (DCA), el Aeropuerto Internacional Dulles (IAD), el Aeropuerto Internacional de Baltimore-Washington (BWI) y el Aeropuerto Internacional de Richmond (RIC).
De acuerdo con la información difundida por Duffy, el origen de la interrupción radica en la detección de un “fuerte olor” dentro de las instalaciones del TRACON (Terminal Radar Approach Control) de Potomac. Este centro de control resulta vital para la navegación aérea, pues gestiona el tráfico de aproximación y salida de todos los aeropuertos mencionados. La presencia del aroma inusual obligó a las autoridades a priorizar la seguridad del personal técnico y operativo, lo que derivó en la parálisis de las actividades de vuelo.
La Administración Federal de Aviación (FAA) trabaja actualmente en la identificación de la fuente exacta del olor. Aunque no existe un reporte oficial sobre la naturaleza química o el peligro potencial de la emanación, el protocolo de seguridad exige evacuar o limitar la ocupación en áreas críticas de monitoreo radar hasta que se garantice un ambiente seguro para los controladores.
La declaración generó retrasos masivos en cadena a lo largo de la costa este. Miles de viajeros permanecen dentro de las aeronaves o en las salas de espera mientras los técnicos de la FAA abordan la situación. Los aeropuertos de la zona registran una acumulación de vuelos desviados hacia otras terminales fuera del área metropolitana de Washington, dado que el TRACON de Potomac no cuenta con la capacidad operativa plena para procesar los aterrizajes de manera segura bajo estas condiciones.
Las aerolíneas instan a los usuarios a consultar el estatus de sus traslados directamente en las aplicaciones móviles, ya que la reactivación de los servicios depende de la resolución del problema en el centro de control. Hasta el momento, el personal de emergencia se encuentra en el sitio realizando labores de inspección en los sistemas de ventilación y cableado de la infraestructura.
Esta situación constituye un evento en curso. Las autoridades todavía no definen una hora estimada para el levantamiento de las restricciones. El Departamento de Transporte mantiene una comunicación constante con los equipos de respuesta rápida para determinar si el olor proviene de una falla eléctrica, un problema en el sistema de climatización o factores externos. La integridad de los controladores y, por extensión, de los pasajeros, permanece como la prioridad central del operativo de contingencia.
