Tras el anuncio del Ministerio de Defensa de Israel sobre la eliminación de Ali Larijani, la estructura de poder en Irán enfrenta una pérdida significativa.
Larijani, de 67 años, no era solo el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, sino el arquitecto de la estrategia bélica de la República Islámica en un periodo de extrema vulnerabilidad tras la muerte del líder supremo, Ali Jamenei.
Una trayectoria entre la milicia y la academia
Larijani destacó por una formación inusual entre la élite política de Teherán. Graduado en matemáticas e informática, obtuvo un doctorado en filosofía con especialización en la obra de Immanuel Kant.
Esta base intelectual se combinó con una carrera militar forjada en la década de 1980, cuando sirvió como comandante de la Guardia Revolucionaria (CGRI) durante la guerra contra Iraq.
Su ascenso político fue constante. Dirigió la emisora estatal, ejerció como principal negociador nuclear y presidió el parlamento iraní durante doce años. Desde 2004, su influencia sobre Jamenei creció sustancialmente, consolidándose como un asesor pragmático pero férreamente comprometido con la supervivencia del nezam (el sistema de gobierno islámico).
El estratega de la “guerra larga”
En los últimos meses, Larijani asumió un rol protagónico en la represión de las protestas populares de enero y en la transición política del país. Como jefe de seguridad nacional, se le atribuyó la máxima responsabilidad en la toma de decisiones estratégicas. Fue él quien diseñó la postura de resistencia ante las presiones internacionales, enviando mensajes directos a la administración de Donald Trump.
“A diferencia de Estados Unidos, Irán se preparó para una guerra larga”, afirmó Larijani recientemente en redes sociales.
A pesar de ser consciente de que figuraba como un objetivo principal para las fuerzas israelíes, Larijani mantuvo una presencia pública notable, participando incluso en manifestaciones en Teherán la semana pasada. Su pertenencia a una de las familias clericales más influyentes —siendo hermano del ayatola y exjefe del poder judicial, Sadegh Larijani— le otorgaba un blindaje político que, sin embargo, no fue suficiente ante el ataque aéreo del lunes.
