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Guerra contra Irán entra en fase peligrosa, ataques afectan la energía crítica en el Golfo

South Pars, Ras Laffan, refinerías y rutas marítimas ya están en la mira; la amenaza iraní de “contención cero” dispara el temor a una escalada sin freno

Petróleo.
Petróleo. Residentes observan y toman fotos mientras las llamas y el humo se elevan tras un ataque a una instalación de almacenamiento de petróleo en la ciudad durante la campaña militar de Estados Unidos e Israel en Teherán, Irán, el sábado 7 de marzo de 2026. (Alireza Sotakbar/AP)

La guerra contra Irán cruzó este jueves una línea que inquieta mucho más allá del frente militar, poner en riesgo instalaciones estratégicas de energía.

Después del ataque israelí contra South Pars, el gigantesco yacimiento de gas que Irán comparte con Qatar, Teherán respondió con ataques contra instalaciones energéticas en el Golfo y lanzó una advertencia que resume el nuevo clima del conflicto.

El canciller iraní, Abbas Araqchi, adelantó este jueves que habrá “contención cero” si la infraestructura energética iraní vuelve a ser atacada.

Instalaciones en el Golfo Pérsico

Agencias internacionales reportaron que Irán intensificó sus ataques contra instalaciones de petróleo y gas en todo el Golfo Pérsico, mientras Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos denunciaron impactos o incidentes relacionados con su infraestructura.


En paralelo, la Organización Marítima Internacional pidió un corredor marítimo seguro en el estrecho de Ormuz y exigió detener de inmediato los ataques contra buques civiles y mercantes, una señal de que el riesgo ya alcanza también a la navegación comercial.

El punto más delicado sigue siendo South Pars, considerado el mayor campo de gas del mundo, que fue atacado por Israel el miércoles.

Golpe a Ras Laffan

La escalada posterior alcanzó a Ras Laffan, en Qatar, donde se ubica la mayor instalación exportadora de gas natural licuado del planeta.

QatarEnergy confirmó días atrás que había detenido la producción de gas natural licuado (LNG por sus siglas en inglés) y productos asociados tras ataques a sus instalaciones en Ras Laffan y Mesaieed.

Esto es relevante porque Ras Laffan abastece alrededor de una quinta parte del suministro mundial de LNG, lo que convierte cualquier daño ahí en un problema global, no solo regional, y los daños ya reportados muestran por qué esta fase resulta tan sensible.

Además de los ataques en Qatar, AP reportó incidentes en refinerías y terminales energéticas en Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos, así como barcos incendiados o dañados cerca de esas costas.

La propia IMO advirtió que hay tripulaciones varadas, necesidad de abastecimiento humanitario para buques atrapados y un deterioro claro de la seguridad marítima en una de las rutas más importantes del mundo.

¿Golpe mal calculado?

En medio de ese incendio geopolítico, Donald Trump intentó enviar una señal de contención, el presidente estadounidense dijo que habló con Benjamin Netanyahu después del bombardeo a South Pars y aseguró que ese tipo de ataque “no va a volver a pasar”.

Pero el problema es que el terreno ya quedó sembrado: Qatar y Omán denunciaron el ataque a South Pars como un paso “peligroso e irresponsable” que amenaza la seguridad energética global, y Teherán ya dejó claro que la próxima respuesta no será limitada.

La gran amenaza ahora es que el conflicto se normalice sobre infraestructura crítica.

La IEA advirtió en su informe petrolero de marzo que el mercado enfrenta pérdidas de suministro considerables y que, si no se reanudan rápidamente los flujos marítimos, esas pérdidas crecerán aún más.

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