El cierre del estrecho de Ormuz y el ultimátum del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para exigirle a Irán su reapertura, aviva los temores de un bloqueo total al tránsito de petróleo; sin embargo, el paso de algunas embarcaciones y la revelación de intercambios con una moneda alternativa podrían hacer tambalear al poderoso dólar americano.
Esto porque en medio de la escalada bélica en Medio Oriente, una palabra volvió a colarse en el radar financiero global: petroyuanes, que aunque no es un invento nuevo ni una ocurrencia de último minuto, la presión de Irán sobre el paso de buques y el papel de China como gran comprador de crudo revivieron su uso y, por tanto, el desafío a la moneda dominante.
Si bien no hay elementos para pensar que el dólar pueda ser desplazado de forma inmediata, lo cierto es que que la situación en Ormuz muestra que el yuan chino ya no es solo una aspiración estratégica de Pekín para el mercado energético, sino una herramienta que algunos actores usan en plena crisis real.
¿Qué son los petroyuanes?
El término “petroyuán” se usa para describir la compra y venta de petróleo en yuanes, en vez de dólares.
El concepto tomó forma institucional en China con el lanzamiento, en marzo de 2018, de los futuros de crudo denominados en renminbi en la Shanghai International Energy Exchange, un mercado que Pekín abrió incluso a participantes extranjeros.
Durante años, el petroyuán fue visto más como una señal política que como una amenaza seria al petrodólar, pero la guerra cambió el tono.
South China Morning Post reportó que en China surgió el debate por informes según los cuales Irán podría permitir el paso de petroleros por Ormuz si el comercio se realiza en yuanes, una idea que habría sido recibida con cautela incluso por analistas chinos, precisamente porque mezcla comercio, sanciones y seguridad militar en una sola ecuación.
Ormuz, un cuello de botella
El estrecho de Ormuz no es cualquier ruta, por esa franja pasa alrededor de una quinta parte de los flujos mundiales de petróleo y gas, y cuando ese paso se bloquea o se paraliza,eso repercute en precios, seguros marítimos, suministro energético y nerviosismo financiero global.
Agencias internacionales reportan que la guerra mantiene el tránsito por Ormuz prácticamente paralizado o severamente restringido en varios momentos de en lo que va del mes.
Ahí es donde el petroyuán deja de sonar a teoría académica y empieza a parecer una palanca de guerra económica.
AP informó que, pese al conflicto, unos 90 barcos, incluidos 16 petroleros, cruzaron Ormuz entre el 1 y el 15 de marzo, y que Irán sigue exportando millones de barriles, en su mayoría hacia China.
Ese mismo reporte añade que algunos tránsitos se realizaron en la sombra, con maniobras para esquivar sanciones occidentales, mientras India y Pakistán mantienen contactos diplomáticos con Teherán para asegurar paso.
¿Cómo funcionarían los petroyuanes?
Si esta estrategia se consolida, el mecanismo sería relativamente claro, el petróleo se vende en yuanes; el pago se procesa a través de la infraestructura financiera china, y el comercio evita en mayor medida la exposición al sistema dominado por el dólar y a las sanciones de Washington.
La pieza estructural de ese modelo existe desde hace años: China ya cuenta con contratos de crudo en RMB en Shanghái, diseñados precisamente para dar una referencia petrolera fuera del circuito tradicional en dólares.
El gran atractivo para países sancionados o enfrentados con Estados Unidos consiste en que vender petróleo sin depender del dólar reduce vulnerabilidades financieras, y para China, el incentivo también es convertir al yuan en una moneda más usada en energía refuerza su peso global en un momento de fragmentación geopolítica.
El FMI reportó en 2025 que el dólar sigue siendo la moneda dominante en el comercio mundial, pero también señaló que el uso del renminbi ha crecido de forma sostenida, aunque todavía en una escala modesta.
Países y gobiernos en la jugada
Los protagonistas más claros son Irán y China, el primero porque controla el factor geográfico y político alrededor de Ormuz, mientras que China es el mayor comprador de crudo del mundo y el socio más lógico para aceptar pagos en yuanes.
Según informes de Reuters, China ha mantenido conversaciones con Irán para asegurar paso a sus buques de crudo y a cargamentos energéticos relacionados.
Además, AP señaló que India y Pakistán establecieron actividad diplomática con Teherán vinculada al tránsito marítimo, mientras Bloomberg constató que parte del tráfico que sí logra moverse por Ormuz tiene vínculos iraníes o chinos.
No obstante, eso no significa que todos esos países estén abrazando formalmente el petroyuán, pero sí muestra que el comercio energético de emergencia en la zona se está reordenando alrededor de actores menos alineados con Washington.
También habría una señal técnica de que los crudos entregables en el contrato petrolero de Shanghái incluyen referencias de Emiratos Árabes Unidos, Omán, Qatar, Yemen, Irak y China, lo que revela que el diseño del mercado chino sí fue pensado desde el principio para conectar con productores clave del Golfo y su periferia.
Entonces, ¿el dólar peligra?
La realidad es que no, el dólar sigue muy lejos de caer del trono; de hecho, el FMI sostiene que su predominio en la facturación del comercio global se mantiene “ampliamente estable”, mientras que el renminbi crece pero todavía ocupa una porción modesta.
El BIS, por su parte, señala que el yuan se ha fortalecido como moneda emergente y ya representa una porción relevante del mercado cambiario, pero eso no equivale a reemplazar al dólar como eje del sistema.
Brookings también alertan desde hace años que los petroyuanes enfrentan obstáculos muy concretos, como los controles de capital en China, menor convertibilidad, riesgos cambiarios y reticencia de productores a salir del ecosistema del dólar.
Es decir, el petroyuán puede crecer como herramienta política y comercial en nichos sensibles, pero aún no tiene los músculos para jubilar al billete verde.



