Lo que debería ser un mecanismo de justicia social para fortalecer el poder adquisitivo de los trabajadores universitarios se transformó, durante casi una década, en un fondo para el exceso y el despilfarro.
Se ha revelado que, bajo el amparo del contrato con Toka International, los sindicatos de la Universidad de Guadalajara mantuvieron privilegios que permitieron el uso de vales de despensa en consumos totalmente ajenos a su propósito legal: alcohol, tabaco y pagos en los llamados “giros negros” o centros nocturnos.
A pesar de que los contratos colectivos estipulan que estos recursos deben destinarse estrictamente a la canasta básica, alimentos y artículos de higiene, la omisión sistemática de Toka para controlar las operaciones permitió que grandes cantidades de dinero se desviaran hacia lujos y vicios.
Esta situación no solo constituye una falta ética grave, sino que vulnera la estabilidad económica de las familias universitarias que, en lugar de recibir un apoyo para su nutrición y bienestar, veían cómo el recurso se diluía en establecimientos de dudosa reputación.
La resistencia virulenta de las cúpulas sindicales ante el ordenamiento administrativo emprendido por la Universidad no es otra cosa que el descontento de quienes han perdido una “barra libre” financiada con recursos de la ciudadanía.
Mientras la Rectoría busca que los vales cumplan su función social, las dirigencias sindicales responden con difamaciones y quejas infundadas, defendiendo un modelo de impunidad que permitía emborracharse a costa del presupuesto destinado a la calidad de vida de los trabajadores. La defensa de este esquema de “giros negros” por parte de los sindicatos es la prueba de una conducción que ha perdido la brújula moral.
