Este domingo, las autoridades de Israel impidieron que la máxima autoridad católica en Tierra Santa celebrara la misa del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, un acontecimiento que, según líderes eclesiásticos, no ocurría desde hace siglos.
El Patriarca Latino de Jerusalén, Cardenal Pierbattista Pizzaballa, y otros altos prelados intentaron ingresar al lugar sagrado, pero la policía israelí bloqueó su acceso, impidiéndoles oficiar la ceremonia religiosa.
Y es que, el Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa para los cristianos, conmemorando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén antes de su pasión y crucifixión, y tradicionalmente se celebra con una misa solemne en la iglesia considerada el lugar de la crucifixión y resurrección de Cristo.
¿Por qué se tomó esta decisión?
Las autoridades israelíes justificaron la medida argumentando motivos de seguridad debido al contexto del conflicto regional, particularmente la guerra con Irán y el temor a ataques con misiles en la Ciudad Vieja, donde no hay suficientes refugios antiaéreos para proteger a los fieles en caso de emergencia.
Según funcionarios policiales, se notificó a la Iglesia que la misa no podía realizarse tal como estaba planeada por esos riesgos.
Israel aseguró que la decisión no tenía intención de obstaculizar la libertad religiosa, sino de garantizar la seguridad de los participantes, aunque la medida afectó directamente a una de las celebraciones más importantes del calendario cristiano.
Reacciones internacionales y críticas
El bloqueo del acceso a la Iglesia del Santo Sepulcro ha generado una ola de críticas en el ámbito internacional. Líderes políticos europeos, entre ellos el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y autoridades italianas, condenaron la decisión, calificándola como una ofensa a la libertad religiosa y un precedente preocupante.
El embajador de Estados Unidos también señaló que la acción fue un “exceso desafortunado” que podría dañar la convivencia interreligiosa en Jerusalén.
Además, el Patriarcado Latino de Jerusalén describió la medida como algo “desproporcionado e inusual” y expresó que representa una falta de respeto hacia las sensibilidades de millones de cristianos en todo el mundo que observan esta festividad desde sus países.
