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¿Veracruz al olvido?: Se va el turismo, pero las ‘gotitas’ de Rocío Nahle siguen siendo escupidas en la costa

A principios de abril terminó la temporada vacacional de Semana Santa, sin embargo, en Coatzacoalcos la emergencia ambiental persiste

Más de 800 toneladas de residuos han sido retiradas, de acuerdo con cifras oficiales de la SEMARNAT
Más de 800 toneladas de residuos han sido retiradas, de acuerdo con cifras oficiales de la SEMARNAT

Lo que quedó no fueron solo playas vacías, sino rastros visibles de chapopote que continúan afectando la vida cotidiana de sus habitantes.

Durante los días de mayor afluencia turística, autoridades y brigadas enteras limpiaban la costa, incluso la gobernadora Rocío Nahle derrochaba invitaciones para vacacionar en todos los municipios de Veracruz. La imagen proyectada fue la de una respuesta inmediata y coordinada. No obstante, una vez concluido el periodo vacacional, surge una interrogante inevitable: ¿las acciones respondían a una estrategia ambiental sostenida o a la necesidad de mantener una imagen funcional frente al turismo?

En comunidades como Las Barrillas y a lo largo del Malecón de Coatzacoalcos, los efectos de la contaminación siguen presentes. Habitantes y prestadores de servicios aseguran que, sin visitantes, la actividad económica se ha desplomado mientras el mar continúa arrojando residuos de hidrocarburos en forma de “piedras”. Para muchos pescadores, la imposibilidad de trabajar con normalidad representa una afectación directa a su sustento.

Más de 800 toneladas de residuos han sido retiradas, de acuerdo con cifras oficiales de la SEMARNAT. Aun así, especialistas advierten que la remoción superficial no garantiza la recuperación del ecosistema. La falta de claridad sobre la continuidad de los trabajos de limpieza y monitoreo alimenta la preocupación de quienes viven en la zona.


El daño ambiental, además, no se detiene con el calendario turístico. La presencia constante de contaminantes, el impacto en la fauna marina y los riesgos a la salud pública configuran un escenario que va más allá de un episodio aislado. Habitantes denuncian olores persistentes, presencia de especies muertas y una sensación creciente de abandono institucional.

De acuerdo con información del periodista Ignacio Gómez Villaseñor, quien sigue el tema desde cerca, un juez federal ordenó detener de inmediato la operación de pozos petroleros y el transporte de hidrocarburos tras el derrame en Coatzacoalcos, señalando fallas en la respuesta de autoridades, que ahora tienen 48 horas para responder o enfrentar sanciones.

Mientras tanto, las promesas de vigilancia permanente contrastan con la percepción local de una respuesta que pierde fuerza conforme disminuye la atención pública. La crítica central no es solo hacia la gestión inmediata, sino hacia la ausencia de una política integral que garantice la restauración del entorno y la protección de las comunidades afectadas.

Lo que ocurre en el sur de Veracruz no es únicamente un problema de imagen o de temporada. Para muchos, se trata de un daño ambiental continuo en el Golfo de México que exige respuestas estructurales, seguimiento constante y transparencia. Porque cuando se van los turistas, lo que queda no es silencio: es una crisis que sigue ahí, esperando ser atendida o de otra manera, olvidada.

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