Sin embargo, para los expertos en urbanismo y gastronomía, esta cifra es solo la punta del iceberg. El registro oficial deja fuera a los miles de puestos ambulantes, canastas de tacos sudados y locales informales que brotan cada noche bajo el resplandor de las bombillas y el aroma del suadero. Se estima que, si se contaran los puntos de venta no registrados, la cifra podría duplicarse fácilmente.
¿Por qué hay tantas? La respuesta está en la movilidad. La CDMX es una ciudad de tránsito constante donde el tiempo es oro y el espacio público es el comedor más grande del país. El taco representa la democratización total: en la misma barra de acero inoxidable coinciden oficinistas, obreros, estudiantes y turistas.
Ya sea de pastor, suadero, tripa o barbacoa, las casi 11,000 taquerías de la Ciudad de México no son solo comercios; son los puntos de encuentro que mantienen viva la identidad de una metrópoli que, ante la duda, siempre pide “dos con todo”.
