El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se negó a revelar si su país intervendría militarmente en defensa de Taiwán ante un hipotético ataque por parte de China.
La negativa ocurrió directamente ante el mandatario chino, Xi Jinping, quien formuló el cuestionamiento de manera explícita durante la cumbre bilateral de dos días celebrada en Beijing.
“Esa pregunta me la hicieron hoy. Me la hizo el presidente Xi. Dije que no hablo de eso”, declaró Trump a los reporteros a bordo del Air Force One en su viaje de regreso.
Esta postura mantiene la línea histórica de “ambigüedad estratégica” de la diplomacia de Washington, marco dentro del cual no se define el nivel de intervención armada para proteger a Taipéi, bajo la doctrina de “Una sola China”.
Al inicio del encuentro, Xi Jinping emitió una fuerte advertencia, señalando que un manejo incorrecto sobre la independencia de la isla pondría la relación bilateral en grave riesgo y generaría choques o conflictos severos. De igual forma, las autoridades chinas buscaron presionar para modificar el lenguaje formal estadounidense, pretendiendo sustituir la frase “no apoya” la independencia de Taiwán por el término “se opone”.
Respecto al paquete de venta de armamento destinado a la isla, Trump dejó la resolución suspendida, argumentando la necesidad de evaluar los detalles y manifestando que lo último pertinente en este momento es un conflicto armado a miles de kilómetros de distancia.
El secretario de Estado, Marco Rubio, aclaró que las directrices de la política exterior estadounidense sobre Taipéi permanecen sin modificaciones vigentes. Por su parte, el silencio de los medios estatales chinos respecto a las conversaciones sobre la isla sugiere, según analistas, insatisfacción en la delegación de Beijing.
El debate adquiere relevancia debido a la actual guerra de Estados Unidos contra Irán, iniciada a finales de febrero. El traslado de portaaviones navales desde el Indo-Pacífico hacia el Medio Oriente, sumado al desgaste de los inventarios de municiones, debilita la capacidad de respuesta estadounidense en el continente asiático.
Expertos como Seth G. Jones, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, advierten sobre el riesgo de una reacción tardía. Sin embargo, analistas como Bonnie Glaser sostienen que Beijing prefiere jugar a largo plazo, debido a que los costos de un fracaso militar amenazarían la legitimidad del Partido Comunista Chino, aunado a que las recientes purgas masivas dentro del Ejército Popular de Liberación afectaron su capacidad operativa actual.
