Abelardo de la Espriella llegó a las elecciones Colombia 2026 como uno de los fenómenos más llamativos de la derecha, su campaña mezcla discurso de mano dura, imagen de outsider, símbolos religiosos, rechazo frontal al gobierno de Gustavo Petro y la promesa de combatir al narcotráfico con una fuerza que sus seguidores ven como autoridad y sus críticos como amenaza de radicalización.
El candidato adoptó el apodo de “El Tigre” como marca política, en sus actos, sus simpatizantes hablan de “ponerle una raya” al felino, mientras él promete trasladar esa imagen de fuerza al Estado para enfrentar a grupos armados ilegales, narcotraficantes y estructuras criminales.
Su ascenso no se explica solo por su nombre conocido en el mundo jurídico, también responde a un momento electoral cargado de miedo, violencia, cansancio frente a la política tradicional y rechazo al modelo de izquierda que llegó al poder con Petro.
¿Quién es “El Tigre”?
Abelardo de la Espriella nació en Bogotá en 1978, pero se crió en la costa Caribe colombiana, es abogado penalista, empresario y figura mediática.
Antes de aspirar a la presidencia, construyó una carrera defendiendo clientes de alto perfil, entre ellos el expresidente Álvaro Uribe, además de personajes polémicos como Alex Saab, aliado del régimen venezolano de Nicolás Maduro, a quien dejó de representar hace años.
A sus 47 años, decidió que su primera competencia electoral fuera directamente por la Presidencia, se presenta como un candidato independiente, financiado con recursos propios acumulados en su carrera como abogado y empresario, con negocios vinculados a marcas de vino, ron y ropa.
Su movimiento es Defensores de la Patria, con el que recolectó firmas para respaldar su aspiración y rechazó el apoyo explícito de partidos tradicionales.
Ese esquema le permite venderse como un candidato ajeno a la clase política, aunque su campaña conecta con sectores uribistas, conservadores, reservas militares y votantes que ven en él una respuesta de fuerza frente al deterioro de la seguridad.
En lo personal, está casado con la empresaria Ana Lucía Pineda, con quien tiene cuatro hijos.
Antes de lanzarse a la campaña vivía entre Colombia e Italia, una vida que él mismo describe como cómoda y que, según afirma, cambió para “servirle a la patria”.
¿Qué propone?
La propuesta central de Abelardo de la Espriella es seguridad total, su discurso apunta contra el narcotráfico, las guerrillas, las estructuras armadas y lo que llama “narcoterrorismo”.
En entrevista con The Associated Press, usó una frase extrema al decir que hará caer sobre esos grupos “la ira de Dios”, una muestra del tono confrontativo que marca su campaña.
En materia antidrogas, promete impedir que salga más cocaína de Colombia, retomar la fumigación de cultivos ilícitos con herbicidas biológicos y asumir una línea cercana a la política antidrogas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
También defiende acciones duras contra embarcaciones que presuntamente transporten droga, una postura que lo ubica en el ala más punitiva del debate regional.
Su modelo de seguridad toma como referencia algunas políticas de Nayib Bukele en El Salvador, especialmente en cárceles y control territorial, aunque De la Espriella asegura que no busca copiar a otros líderes porque Colombia tiene un conflicto distinto.
En economía, expresa simpatía por algunas medidas de Javier Milei, particularmente por la reducción de la inflación y la idea de un Estado más pequeño.
Reportes sobre su programa ubican sus ejes en crecimiento acelerado, reducción del gasto, incentivos a la inversión privada, modernización tributaria y un enfoque empresarial para administrar el Estado.
Con quién se asocia
Aunque insiste en su independencia, Abelardo de la Espriella no está aislado, su figura atrae a sectores uribistas, conservadores, votantes religiosos, empresarios y militares retirados que se identifican con un discurso de orden, seguridad y rechazo al progresismo.
Su candidatura también tiene una fórmula vicepresidencial de perfil técnico: José Manuel Restrepo, economista, académico y exministro del gobierno de Iván Duque.
Esa decisión busca equilibrar la imagen combativa de De la Espriella con una carta de experiencia económica y capacidad administrativa.
En el plano internacional, el candidato se define cercano al Partido Republicano de Estados Unidos, e incluso en declaraciones a la prensa indicó hace tiempo que es ciudadano estadounidense y miembro del Partido Republicano.
También se reunió en Miami con el subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, y con la representante republicana María Elvira Salazar.
Qué representa su popularidad
La popularidad de Abelardo de la Espriella representa un giro fuerte en la conversación electoral de Colombia, no es solo el ascenso de un candidato de derecha, sino la consolidación de un voto que exige autoridad, castigo, orden y ruptura con las élites políticas tradicionales.
También expresa el desgaste del proyecto de Gustavo Petro, por lo que para muchos de sus seguidores, De la Espriella encarna una respuesta directa al temor de que el país avance hacia un modelo que ellos identifican con comunismo, inseguridad y debilitamiento del Estado.
Pero su avance también profundiza la polarización, sus frases duras contra grupos armados, su cercanía simbólica con líderes como Bukele, Trump y Milei, y su promesa de una presidencia de choque lo convierten en una figura capaz de movilizar entusiasmo y rechazo al mismo tiempo.
En términos electorales, su fuerza muestra que una parte importante del electorado colombiano no solo quiere alternancia, sino una restauración conservadora con lenguaje de guerra contra el crimen.
Su campaña convierte la seguridad en el centro de la elección y obliga a sus rivales a responder no solo qué harán con la economía o las reformas sociales, sino cómo van a recuperar el control territorial.



