México registra una de las jornadas laborales más largas a nivel global y la más elevada entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con 2 mil 193 horas anuales en 2024, una realidad que impacta directamente en la forma en que las personas trabajadoras se alimentan.
De acuerdo con Tiana Bakić Hayden, integrante del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México, el trabajo no sólo determina los ingresos, sino también los horarios, espacios, rutinas y condiciones bajo las cuales las personas comen.

Largas jornadas y traslados reducen el tiempo para comer en casa
La especialista señaló que, en México, gran parte de la población pasa más tiempo fuera del hogar debido a las extensas jornadas laborales y a los traslados. Para ir al trabajo, 58 por ciento de las personas tarda entre 31 minutos y dos horas.
Esta situación obliga a muchos empleados a consumir alimentos fuera de casa, como café, tortas, pan, tacos, comida corrida o refrescos, con un gasto diario que puede ir de 150 a 200 pesos.
Trabajadores destinan hasta 30% de su ingreso diario a comida
El estudio de la UNAM encontró que algunas personas destinan entre 20 y 30 por ciento de lo que ganan al día en alimentos comprados durante la jornada laboral.
Bakić Hayden explicó que las condiciones cambian según el tipo de empleo. Mientras albañiles suelen compartir la comida como un momento social, transportistas comen de forma aislada y trabajadoras del hogar enfrentan restricciones o condiciones para consumir alimentos en las casas donde laboran.
En el caso de las trabajadoras del hogar, muchas comen en las casas donde laboran, aunque en ocasiones se les restringe o condiciona el consumo de alimentos. Para la especialista, en estos casos la comida también se convierte en un espacio de desigualdad simbólica.

Entre las principales quejas de las personas trabajadoras están la falta de tiempo, de espacios adecuados para comer y de compañía durante la jornada.
Bakić Hayden concluyó que repensar la alimentación desde el mundo del trabajo permite entender que comer no es sólo una necesidad biológica, sino también una experiencia social marcada por las condiciones laborales.
