El peso mexicano inició la sesión cotizando cerca de 17.40 por dólar, en una jornada en la que convergen dos fuerzas principales: por un lado, una lectura algo más positiva sobre la actividad económica local; por otro, la incertidumbre que sigue generando la revisión del T-MEC y el ruido externo en los mercados. En este contexto, el tipo de cambio se mueve con una lógica defensiva, atento tanto a los datos como a los titulares.
En el frente interno, el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del Inegi estimó para junio un crecimiento mensual de 0.2% y un avance anual de 1.7% del IGAE. El propio instituto señaló que el impulso vino sobre todo del sector terciario, para el que anticipó un alza anual de 2.2%, mientras las actividades secundarias habrían crecido 0.5%.
Aun así, el panorama no está libre de matices. Un sondeo de Reuters publicado el 20 de julio recortó la expectativa de crecimiento de México para 2026 a 1.1%, desde 1.5% previsto antes, en buena medida por la debilidad de la inversión y por la incertidumbre comercial con Estados Unidos. Esa combinación ayuda a explicar por qué una mejor lectura mensual de actividad no necesariamente se traduce en un entusiasmo pleno por el peso.
El T-MEC sigue siendo el principal foco de tensión para el peso
A nivel macro, el mercado sigue viendo al T-MEC como uno de los factores más sensibles para México. Reuters reportó este 22 de julio que Estados Unidos está empujando negociaciones separadas con México y Canadá, en un movimiento que pone a prueba la estructura trilateral del acuerdo y prolonga la incertidumbre. Entre los temas que siguen sobre la mesa están las reglas de origen, la dependencia de componentes asiáticos en autos y asuntos de seguridad económica.
Ese escenario se volvió más delicado desde que Washington decidió no extender anticipadamente el acuerdo por 16 años y optó por revisiones anuales. Para los mercados, eso implica menos certidumbre de largo plazo y más volatilidad potencial en sectores como el automotriz, el acero y la manufactura exportadora.
El Mundial no dio el impulso económico que muchos esperaban
Otro punto que ayuda a entender el contexto es que el Mundial 2026 no terminó por convertirse en el gran motor económico que se anticipaba. Reuters reportó que el torneo quedó corto frente a las expectativas de impulso en México y que el gasto en hoteles cayó 10.5% y en restaurantes 4.9%, pese al alza en entretenimiento. Esa misma cobertura señaló que el impacto total calculado fue de alrededor de 2 mil millones de dólares, cerca de 0.1% del PIB.
Ese dato es relevante porque refuerza la idea de una economía que sigue creciendo, pero sin un detonante extraordinario que cambie de golpe la narrativa. En otras palabras, el soporte del peso sigue dependiendo más de la resiliencia estructural de México y de la percepción de riesgo global que de un impulso temporal por eventos masivos.
¿Qué puede pasar con el dólar y el peso en los próximos días?
Desde la perspectiva compartida por Felipe Mendoza, el peso podría mantenerse en una fase de volatilidad con sesgo defensivo, muy atado al flujo de noticias sobre la negociación comercial y al apetito global por riesgo. Esa lectura es consistente con el entorno actual: si las conversaciones del T-MEC mandan señales de certidumbre, el peso podría sostener mejor sus niveles; si escalan las fricciones arancelarias o se fortalece temporalmente el dólar, la presión cambiaria podría aumentar. La referencia de un rango entre 17.38 y 17.51 proviene de su análisis, no de una guía oficial.
Por ahora, el mercado tiene una señal positiva en el IOAE, pero también un recordatorio claro de que el verdadero termómetro sigue estando en la negociación con Estados Unidos. Y mientras esa ecuación no se aclare, el peso seguirá operando con cautela, defendiendo terreno más que lanzándose a una apreciación sostenida.

