Opinión

De cama en cama… o los bemoles de la promiscuidad

En este espacio, durante más de una década, hemos abordado desde distintas perspectivas de las enormes ventajas (para hombres y mujeres en general) de tener una vida sexual activa y de los beneficios que esto acarrea tanto para la salud física como para la emocional.

Sin embargo, también hemos hablado en más de una ocasión sobre los daños que causan los excesos (no sólo los sexuales), por lo que siempre será muy recomendable intentar llevar una vida balanceada en todos los aspectos.

Por lo anterior, hablar de la promiscuidad y de aquellas personas que de forma irresponsable e indiscriminada saltan de cama en cama para satisfacer sus deseos sexuales o para intentar llenar ciertos vacíos emocionales, siempre nos conducirá a un amplio espectro de acepciones que van más allá de simplemente tener relaciones sexuales protegidas u obedecer aquello que nos dictan nuestros instintos.

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Todos sabemos que hay una línea muy delgada entre la libertad y el libertinaje, y que ésta se suele borrar cuando no entendemos las implicancias de que el pensar, el sentir y el actuar irreductiblemente siempre van a generar consecuencias.

Y cuando vamos por la vida ejerciendo nuestra sexualidad de forma desenfrenada y poco responsable lo que vamos a obtener como resultado irá a dar en la columna de los déficits emocionales.

Sí, el sexo es sumamente divertido, se vale verlo desde esa perspectiva. Pero deja de serlo cuando una persona (hombre o mujer, soltera o casada) mantiene y sostiene relaciones íntimas con distintas parejas y no me refiero sólo al aspecto de tipo social, que puede llegar a estigmatizar o a marginar.

Y no quiero focalizarme, insisto, solamente en los riesgos para la salud de todos los involucrados en este tipo de dinámicas, porque si bien podríamos estarnos refiriendo a una dama o a un caballero que son sumamente cuidadosos de su salud y ser muy activos sexualmente con diferentes personas; también hay que considerar que emocionalmente hablando algo no está funcionando de forma adecuada con ellos y esto va más allá de chakras, campos energéticos, conocimiento tántrico o cualquier otra cosa en la que ustedes crean.


Existen estudios científicos cuyos resultados son contundentes cuando nos explican que las personas promiscuas poseen un perfil determinado y esto no se vincula con un grupo social en específico y mucho menos con el género.

¿Cuántas parejas sexuales tienen a lo largo de su vida las mujeres?, ¿cuántas tienen los hombres?, ¿qué factores determinan la cantidad?... pero las condicionantes son varias y muy distintas: Ser de edad joven, estar separado o soltero, fumar, consumir tabaco y drogas, tener inclinaciones homosexuales, estar en los estratos más altos o bajos de la riqueza social, tener actividad física frecuente (acudir al gimnasio o a algún club deportivo).

Obviamente el factor psicosocial y la escolaridad de los involucrados también juegan un factor determinante. Y de las enfermedades de transmisión sexual (las famosas ETS), incluido el sida, mejor ni hablemos…

Y, por supuesto, al abordar esta problemática, es prácticamente imposible dejar fuera la condicionante social. Hoy por hoy el sexo sigue siendo detonante de estigmatización en varias culturas y se le sigue abordando desde una perspectiva sumamente machista y misógina. Los estereotipos siguen haciendo de las suyas y aún se le aplaude al varón que tiene muchas parejas sexuales, mientras que a la mujer que se va a la cama con distintos hombres se le señala, se le sigue condenando.

En resumen, la doble moral permanece cuando intentamos discernir sobre un tema que ya no debería ser tan espinoso: El sexo.

Y no olviden que todos los sábados a la medianoche los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable predilecto para verificar la nomenclatura de los canales).


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