Opinión

El reto de las relaciones

Nada de lo que nos ocurre es producto de la casualidad, sino de la causalidad, es decir, de la infalible ley de causa-efecto. Y, por supuesto, las relaciones humanas son los principales ejes de las leyes universales y de nuestras influencias kármicas, para bien o para mal.

Por eso se dice que todos somos maestros de todos en muchos niveles, y que estamos unidos por hilos invisibles que nos conducen inevitablemente a encontrarnos. ¿Ha sentido usted la clara indicación de que ha conocido a esa persona desde hace muchas vidas? ¿Ha experimentado una rara sensación de familiaridad y comodidad?

O, por el contrario, ¿ha sentido un rechazo inmediato aunque aparentemente no conozca a una persona? De acuerdo a la cábala universal, cada relación que entablamos conlleva una vibración que se manifiesta a través de un arquetipo dominante, de acuerdo a su numerología. El arquetipo hace que la vibración se pueda medir objetivamente y que, así, reconozcamos su influencia.

Sin que esto sea determinante, pero sí una condición o señal de cómo se presentará determinada relación en nuestra vida, se dice que una relación puede evocar el espíritu del inframundo oscuro que habita los estratos más profundos de la inconsciencia y que capta ciertas corrientes que atraen entidades oscuras, o bien, nuestras influencias kármicas positivas, que atraen entidades luminosas.

Ya sea que usted lo sepa o no, cada relación de su vida, le vincula a una vibración que le trae cosas buenas o malas. En otras palabras, en cada relación, de acuerdo a su arquetipo, se desatan diferentes energías que nos convierten ya sea en beneficiarios o en víctimas. Por esto es muy importante que seamos conscientes de cómo son nuestras relaciones con los demás, principalmente con parejas amorosas, familiares y amigos cercanos.

Sin miedo a la verdad, es importante ver de frente el reto o la ayuda que representa cada relación, puesto que, sin importar el vínculo, si es una relación de karma negativo o choque, debemos aprender a armonizarla, sanarla y llevarla a su mejor nivel, en lugar de convertirla en un lastre más, o en un caos destructivo.

De alguna manera, esto explica por qué ciertas relaciones que en teoría deberían ser amorosas, como la de un padre con sus hijos, son en ocasiones relaciones de mucho rechazo o sufrimiento. Lo importante es que no les demos la vuelta para darlas por sentado o que se conviertan en fuentes de dolor perpetuo, sino quererlas ver de forma tangible para poderlas trabajar.

La ayuda externa de profesionales es necesaria en algún punto de la vida y, primero que todo, para aceptar y asumir que, si son relaciones de reto, nos van a enseñar algo importante para ser mejores personas.

Desde esta base, podemos elegir conscientemente ver el bosque y no sólo el árbol con respecto a esa persona; desarrollar la paciencia, la apertura mental, la flexibilidad, el desapego, o los límites bien puestos. Todo depende del reto que represente cada relación para cada uno, pero el buen juez por su casa empieza, así que debemos comenzar por los seres humanos que rodean nuestra vida, ya que representan nítidamente lo que venimos a trabajar.

Si el reto se supera, podemos crear una relación más armoniosa, en lugar de reaccionar y generar aún más karma negativo. Cuando elegimos la curación, el perdón, la comprensión, y la salud emocional, también estamos ayudando a las personas con las que estamos involucradas, pues les proyectamos esa luz, y nos liberamos juntos para siempre. Las relaciones pueden ser una gran fuente de riqueza si aprendemos a superarlas.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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