Opinión

¡Los problemas de los demás no son tus problemas!

En un mundo ideal, todos los seres humanos deberíamos ser empáticos, solidarios, cooperativos y siempre listos para ayudar a todos aquellos cercanos a nosotros cuando están en dificultades. Y es que cuando se vive en un mundo como éste, en el que a diario se presentan vicisitudes de todo tamaño, siempre se requiere de una mano amiga dispuesta a ayudar y hacernos más llevaderos los momentos de tribulación. Los buenos amigos, los verdaderos amigos sirven precisamente para eso: Para cuando estamos hasta el cuello de problemas.

Sin embargo, en esta vida, en la que son tan necesarios los balances y los límites para no caer en la inoperancia emocional, suele suceder que muy frecuentemente vamos a coincidir con personas que parecieran disfrutar de más cuando se presentan las adversidades… Tanto, que no conformes con hacerle frente a sus problemas asumen los de los demás como suyos e incluso se preocupan más que aquellos quienes los están padeciendo y a quienes les están ayudando.

Definitivamente, quienes hacen esto presentan una patología digna de ser estudiada. Y no, no estoy exagerando. En todas partes siempre existe la posibilidad de coincidir con individuos a los que, de plano, la vida no les sabe si no están todo el tiempo en inmiscuidos en líos de todos los colores y todos los sabores. ¿Han escuchado esa frase que dice “es que eres un imán para los problemas”? Pues estos sujetos (hombres y mujeres por igual) la epitomizan a la perfección porque no hay un solo momento de sus existencias en las que puedan y quieran estar tranquilos, simplemente dedicados a ver pasar la vida… ¡Su vida y la de los demás!

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Día y noche están involucrados en problemas. Viven permanentemente estresados por lo que les ocurre y también por lo que le acontece a aquellos que los rodean. No duermen bien. No comen bien. Se están comiendo las uñas. Están hiperventilando de los nervios todo el día y, por ende, terminan contagiando de esta sofocante forma de vivir a aquellos que los rodean.

No le encuentran sentido si no están preocupados en todo momento (ya sea por ellos mismos o por los demás)… ¡Incluso están afligidos y deprimidos cuando se enteran de que su cantante favorito o su actor preferido dan a conocer que se van a divorciar, o porque se les extravió su mascota, o simplemente porque se canceló el proyecto en el que estaban involucrados!

Y esta adicción a los problemas es muy similar a cuando alguien desarrolla una dependencia por las drogas, el alcohol, las compras excesivas, el sexo, el juego o al acumulamiento de cosas. Y cuando esto se presenta hay que ir al fondo, a la causa, al origen, pues indudablemente estas personas están pasando por un dolor emocional considerable.

Se sienten abandonadas, ignoradas, perdidas, vulneradas en su autoestima o sienten alguna culpa. Para nadie es sencillo aceptar sus propias limitaciones, mucho menos trabajar para superarlas, por lo que ocuparse permanentemente de los problemas (los propios y los de los demás) les hace la vida más llevadera, por muy incomprensible que nos pueda resultar a los demás a la hora de intentar entender esto.


Un estilo de vida proclive a las adicciones requiere de trabajo terapéutico profundo, porque en una primera instancia se requiere de un trabajo individual exhaustivo para entender que vivir de esa manera no es normal ni saludable. Y lo que es peor: Aquellos que durante muchos años viven bajo esta terrible dinámica terminan contagiando a sus hijos con estos patrones y estos acaban aceptándolos como endémicos de la vida misma, lo cual no es así.

Empieza a liberar todas esas cargas que no te corresponden, sobre todo aquellas que no son tuyas. Entiende que la vida es más llevadera y disfrutable cuando viajas ligero y te andas buscando complicaciones de forma permanente.

Y sí, efectivamente está muy bien que ayudemos a nuestras personas queridas cuando están en dificultades. Pero una cosa es eso y otra que sólo le agarremos sabor a nuestra existencia si permanentemente estamos buscando donde hay problemas para meternos ahí. No necesitas de la aprobación de nadie y mucho menos requieres de renunciar al amor para ser feliz.

Y no olviden que todos los sábados a la medianoche los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable predilecto para verificar la nomenclatura de los canales).

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