Sin agua en el paraíso

California, la quinta economía del mundo, con atracciones mundiales, sede de muchas industrias y meca del entretenimiento, entró en emergencia esta semana por la sequía continua que afecta al estado desde hace varios años.

Ubicación privilegiada, que se identifica con la exclusividad y el lujo, ahora tendrá que asumir medidas extraordinarias para enfrentar la escasez de agua e iniciar una campaña permanente para cuidarla.

Entre varias órdenes emitidas por las autoridades a seis millones de californianos estará la de regar el césped de la casa una vez cada seis días, porque simplemente no hay líquido para suministrar a los diferentes condados de la parte sur del estado.

Una portavoz del organismo equivalente a una comisión de servicio de agua afirmó que se quedaron sin reservas y durante los primeros tres meses de este año ocurrió la peor sequía desde que se tiene registro, incluyendo la ausencia de nevadas que podría haber sustituido la carencia de lluvias.

Que uno de los estados de la Unión Americana más importantes y poderosos tenga que recurrir a restricciones por falta de agua habla del riesgo que corremos ante el cambio climático y la falta de hábitos acerca del cuidado de un bien indispensable para vivir.

A la naturaleza parece no quitarle el sueño el hecho de que una ciudad como Los Ángeles y otras periféricas muy conocidas en el mundo les falte líquido. Al mismo tiempo es irónico que California sea una potencia económica en sí misma y con todos esos recursos a su disposición no pudiera prevenir un escenario como éste.

Donde falta el agua, el dinero pierde sentido. Eso lo saben millones que diariamente pelean por contar con un poco para las necesidades básicas que compartimos todos como humanos. Pero que ahora lo sepan quienes cuentan con recursos será un parteaguas que podría acelerar la toma de conciencia acerca de una realidad: hemos alterado el medio ambiente a tal grado que ahora se ha vuelto en nuestra contra.

Ha sido décadas en las que los californianos reflejaron un modo de vida en donde el sol, el calor y el agua eran elementos de su propiedad. Cualquiera podía identificar el estilo y tratar de copiarlo o desearlo. Ese paraíso parece que hoy se encuentra en peligro.

Sin embargo, es posible que California se convierta en el ejemplo internacional sobre cómo cuidar el agua y modificar más rápido la percepción que el resto del mundo tiene acerca de zonas privilegiadas con un clima benigno, mar, prosperidad en casi todos los sentidos y un glamour que se ha replicado en películas, libros, juguetes y deportes.

Tal vez la fama ahora estará menos en las estrellas del espectáculo y más en una cultura de protección al medio ambiente que revierta las crueles temporadas de incendios, la polución y el tráfico que representan la otra cara de la moneda del ideal californiano.

Voceras y voceros no les faltaran para construir mejores comportamientos y esa podría ser la diferencia en el resto de los Estados Unidos y en otros países para que las y los ciudadanos de las grandes ciudades hagamos lo que nos corresponde para equilibrar nuestra relación con la naturaleza, antes de que ésta haga los ajustes que considere pertinentes para poner en su lugar a la especie que más la ha alterado, solo por el hecho de vivir cómodamente.

Lo que es seguro es que la reacción del planeta no será agradable para nosotros. Si no tomamos acciones concretas en lo individual y en lo colectivo (para las que no necesitamos ninguna orden o norma de la autoridad, solo voluntad y compromiso) podríamos estar en el umbral de recordar a Los Ángeles como una ciudad que dejó de existir el día que ya no recibió más agua. Un mensaje de ciencia ficción que se debe tomar en cuenta para otras urbes, en particular las de nuestro país.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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