Opinión

El Cuidado de los Ancianos

El Cuidado de los Ancianos

El cuidado de los ancianos fue una actividad destinada a las mujeres. Al ritmo de las demandas laborales del presente, esto ha ido cambiando, agregando nuevos factores estresores a esta necesaria actividad.

Enfrentar la vulnerabilidad y la mortalidad de los padres permite que los hijos adultos consideren su propia vulnerabilidad, al reconocer la fragilidad de la vida. Incluso puede ser enriquecedor espiritualmente.

Pero los desafíos a veces son abrumadores: como lograr equilibrar el cuidado de los padres con el cuidado personal, o atender a la pareja o los hijos.

Estar en el centro de la “generación sándwich” en ocasiones es desafiante, especialmente si no hay recursos económicos o relacionales para aliviar la carga del cuidador.

Establecer límites respetuosos sobre el tiempo y la disponibilidad podría tornarse complicado, sintiéndose abrumados por las múltiples obligaciones.

El proceso de prestación de cuidados se facilita cuando los padres cooperan y están agradecidos. Aunque muchos padres se resisten a los cuidados o a los límites, pues les cuesta abrazar esta nueva etapa de la vida.

Algunos padres están amargados y resentidos por necesitar atención, o critican la ayuda que ofrece su hijo, volviéndose groseros, irritables y profundamente demandantes.

Estos escenarios plantean dificultades adicionales, y pueden reabrir viejas heridas del pasado.

En las familias ensambladas, la tensión no resuelta entre padres, padrastros e hijos adultos, suma para complicar la toma de decisiones y el cuidado de los padres que envejecen.

En el otro lado de estas relaciones, algunos hijos adultos son degradantes o controladores con sus padres ancianos, pasando por alto su necesidad de dignidad y autonomía, actuando de una manera de poder que exacerba la tensión intergeneracional en este delicado momento de la vida.

Cuidar a los padres con demencia y enfermos plantea sus propias dificultades y tensiones.

Tanto para los padres que envejecen como para los hijos adultos, atravesar esta etapa de la vida puede resultar abrumador.

Se sabe que el sobre esfuerzo del cuidador, afecta negativamente la salud. Quizá ampliar el mapa del mundo agregando posibilidades de abordar lo que toca con un sentido de oportunidad espiritual; hacerlo pensando en cómo nos gustaría ser tratados y no solo como una carga, podría dar un resultado más positivo, tanto psicológica como físicamente.

Si nos toca cuidar a un adulto mayor, implica un trabajo personal profundo. Estar conscientes que algún día seremos adultos mayores, nos abre la pregunta de cómo nos gustaría llegar a esa edad, ir preparando el terreno para cuando ocurra, seguramente aliviará muchas de las dificultades que se enfrentan en ese momento.

Los adultos mayores son fuente de sabiduría, aprovechar su conocimiento nos permite dignificar lo que la sociedad consumista se empeña en desechar. La disminución de capacidades se acentúa cuando hay un sentimiento de invalidez.

Por lo que trabajar en nosotros, cuidarnos, preparar a nuestros hijos para ello, ir generando los recursos para el cuidado durante esa época, sin duda cambia la perspectiva de llegar cuando la edad nos alcance, en mejores condiciones.

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